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Lonzo Ball ha sido solo una pieza del rompecabezas que Luke Walton ha ido ensamblando a la perfección.
(Ty Nowell/Lakers.com)

Relato del comienzo de la metamorfosis de los Lakers

by Rodrigo Azurmendi
Reportero en español

EL SEGUNDO – Viernes, 5 de enero, con el reloj marcando las 9:40 de la noche.

Escenario: STAPLES Center.

Situación: Derrota ante los Charlotte Hornets, 48 horas después de perder por 37 puntos ante Oklahoma City Thunder en territorio propio. Los Lakers perdían por noveno partido consecutivo y caían a 11-27 en la tabla de posiciones.

“Estamos jugando como basura”, dijo Kyle Kuzma tras anotar apenas cuatro puntos.

Esa noche ni siquiera ayudó el regreso de Lonzo Ball, quien se había perdido seis partidos por una lesión en el hombro.

La paliza sufrida a manos de Kemba Walker y Dwight Howard representó el punto más bajo de la temporada para los dirigidos por Luke Walton, pero el calendario no daba respiro, ya que 48 horas más tarde vendría el partido que prometía marcar un antes y un después en el rumbo de la temporada.

El rival era Atlanta Hawks, por entonces con marca de 10-29 – el único equipo separando a los laguneros del sótano de la NBA.

El marco no podía ser más extremo, ya que además una nueva derrota hubiera llevado a los de púrpura y dorado a igualar la peor racha perdedora de su historia – registro que algunos de sus jugadores ya habían vivido en carne propia en febrero de 2016.

FIN DEL SUFRIMIENTO

Un furioso segundo cuarto en el que los Lakers anotaron 37 puntos les permitió a los angelinos tomar el control del partido y encaminarse hacia una victoria que, vista ahora por el espejo retrovisor, acabó siendo un punto de inflexión.

En esa ocasión Ball rozó un triple-doble (13 puntos, 10 rebotes, seis asistencias), y conectó tres triples por segundo partido consecutivo – un claro presagio de lo que vendría.

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Los Lakers llegaron hasta cuatro victorias seguidas, con Julius Randle asentándose como titular tras comenzar la temporada en la banca y sufriendo las fluctuaciones en su rol noche tras noche.

El (cuarto) triunfo en Dallas sería agridulce, porque a la euforia de ganar en tiempo suplementario (con 23 puntos y 15 rebotes de Randle) se le mezclaban las lesiones de Ball y Brandon Ingram.

Lo del alero sería un leve esguince que lo obligó a perderse dos de los siguientes tres partidos, pero lo del oriundo de Chino Hills tendría consecuencias mayores: 41 días fuera por un esguince en el ligamento colateral medio de su rodilla izquierda.

Tocaba hacer borrón y cuenta nueva, algo que daría lugar a la aparición en su esplendor de otros protagonistas.

EL INGRAM QUE TODOS ESPERABAN

La ausencia indefinida de Ball llevó a Walton a probar diferentes variantes, partiendo desde la idea de no trastocar demasiado una rotación establecida.

Con Jordan Clarkson encendido en la segunda unidad y con una cantidad limitada de días de disponibilidad de Alex Caruso, el que recibió el llamado fue Tyler Ennis.

El canadiense mostró ciertos altibajos, y sus rendimientos – en unísono con el de otros miembros del quinteto inicial – llevaron al entrenador lagunero a volver a un viejo anhelo.

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Así fue que el 2 de febrero ante Brooklyn, minutos antes del comienzo del partido, se daría el ingreso de Josh Hart al quinteto – oficialmente dándole las riendas del equipo a Ingram.

Desde ese día los resultados han sido sorprendentes:

Los Lakers tienen marca de 7-3, con dos victorias sobre Oklahoma City incluidas, y con un Ingram superlativo, promediando 18.6 puntos, 5.2 rebotes, 5.6 asistencias y 1.1 tapones, disparando 54.5 por ciento en tiros de cancha y 52.2 en triples. Su 77.8 por ciento en la línea de tiros libres también es una bocanada de aire fresco para un jugador que ha sufrido en ese departamento desde su llegada a la NBA.

Ingram además estuvo bien flanqueado por Hart, quien promedió 12.2 puntos y 7.4 rebotes, erigiéndose como un bastión defensivo y un reemplazante adecuado para Ball en los tableros y el tiro exterior. El escolta empezó también a confirmar su reputación de tirador en Villanova, disparando 48.9 por ciento en triples (4.5 intentos), a eso sumándole 2.2 asistencias y un robo por cotejo.

Cada ficha fue encontrando su lugar, y hasta Brook Lopez tuvo un resurgimiento, tras promediar solo 17.1 minutos en 14 juegos en enero. El bombardero de North Hollywood calibró la mira y disparó 40.4 por ciento en triples (5.2 intentos), y anotó 12.0 puntos, 3.7 rebotes y 1.4 tapones, también ayudando a estabilizar una defensa interior que perdió algunos caballos de fuerza con la partida de Larry Nance, Jr.

Kentavious Caldwell-Pope tampoco se quiso perder la fiesta, y mostró la versión que muchos esperaban de él cuando firmó el verano pasado. El escolta disparó 45.1 por ciento en triples y también aportó en el rebote (7.0 por noche), en la conducción (3.0 asistencias) y en defensa (1.5 robos, 2.2 desvíos, 1.6 balones sueltos recuperados). Sus 13.6 puntos en febrero también contribuyeron a una ofensiva que va en ascenso.

SE DESTAPÓ EL ATAQUE DE LOS LAKERS

Una particularidad de lo sucedido en febrero es que los Lakers finalmente lograron escaparse de las últimas posiciones en la mayoría de las estadísticas ofensivas.

Con lo hecho el lunes ante los Hawks, los Lakers terminaron el mes de febrero disparando por encima del 40 por ciento en triples, un porcentaje inaudito al comienzo de la temporada. Incluso el 74.8 por ciento disparado en la línea de tiros libres fue una mejora, pese a que los laguneros todavía no logran eclipsar el 70 por ciento en la temporada.

Quizás lo más significativo es que por primera vez en mucho tiempo, los Lakers terminaron un mes en el Top 10 tanto en eficiencia ofensiva (novenos, 110.3 puntos por cada 100 posesiones) y defensiva (octavos, 105.1), superando a sus rivales por 5.2 puntos por cada 100 posesiones – la sexta mejor marca del mes según NBA.com/Stats.

Eso hizo que, tras 60 disputados y antes de los partidos del 27 de febrero, los Lakers escalaran hasta el puesto No. 24 en ofensiva (103.3 puntos cada 100 posesiones), y el No. 11 en defensa (105.3).

MEJORAS EN TODOS LOS RINCONES

Pese a que Walton trató de minimizar su importancia, vale mencionar que la victoria del lunes en Atlanta fue la No. 26 de la temporada – igualando la cantidad total de victorias de la campaña 2016-17.

Además Ball, quien regresó de una larga ausencia el viernes ante Dallas, ha mostrado un aumento considerable en sus porcentajes con el correr de la temporada.

Su crecimiento en los triples ha sido considerable – aunque no tanto si se recuerda que el base disparó 41.2 por ciento en UCLA. Y cuanto más nos acercamos en el tiempo, más altos son sus registros: 43.3 por ciento en tiros de cancha y 39.1 por ciento en triples en lo que va de 2018, por ejemplo.

Algo parecido ha sucedido con Randle, quien en su cuarta temporada ha encontrado la medida de consistencia justa para explotar todo su potencial.

La titularidad, a fines de 2017, fue el empujoncito que le faltaba:

Al fin y al cabo, su ascenso, así como los de Ingram, Ball, Lopez, KCP y Hart han ido de la mano con el del equipo en general. Un conjunto que se fijó como meta ver progreso sustancial esta temporada, y que tras 60 partidos ya ha superado todas las expectativas.

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