Las estatuas de Camden

Por Miguel Ángel Martín, Columnista de Sixers.com

Con la llegada a Philadelphia de los Oklahoma City Thunder, el pasado fin de semana, los Sixers rindieron homenaje a Maurice Cheeks, inaugurando una nueva estatua en Camden (NJ), en las instalaciones de oficinas y de entrenamiento que poseen los 76ers.

De este modo ya son cuatro las estatuas que los Sixers tienen en dichas instalaciones, en un fabulosos salón de la fama de los Sixers y del deporte de Philadelphia, que sin duda sirven de inspiración para todos los jugadores que quieren amular los éxitos pasados de los Sixers.

El año pasado, la organización cumplió 50 años del primer título que los 76ers ganaron en su historia para la ciudad de Philadelphia (el segundo título de la organización). Es por ello que los Sixers homenajearon al equipo que conquistó el título en aquella mágica temporada de 1966/67. Y uno de los actos más importantes que se celebraron la pasada temporada fueron las ceremonias en las que se descubrieron tres estatuas, en honor a los tres hombres más significativos de aquella temporada Hal Greer, Billy Cunningham, y como no, Wilt Chamberlain.

Un merecido homenaje a un equipo (1967) que hizo historia en Philadelphia y en la NBA. Tras ocho temporadas de dominio tiránico de los Celtics, aquellos Sixers lograron un triunfo, no solo material (se conquistó el anillo), sino también moral, ya que por fin el equipo de Philadelphia lograba vencer a ese Boston que en otras ocasiones pudo estar contra las cuerdas, pero que al final terminaba marchándose a las finales de la NBA, dejando a Philadelphia con la miel en los labios. Salvo en 1967.

La primera estatua en ser descubierta fue la de Hal Greer. Un jugador que siempre estuvo en la organización, primero con los Syracuse Nationals (1958-1963) y luego con los Philadelphia 76ers (1963-1973).

En la temporada 1966-67 jugó 60 partidos de temporada regular, anotando un total de 1765 puntos y repartiendo 303 asistencias, además de acumular 422 rebotes. Ya en playoffs, acumuló una media anotadora de 27.7 puntos, con 5.3 asistencias y 5.9 rebotes por encuentro, siendo su participación fundamental para la consecución de ese ansiado anillo de campeones.

El segundo homenaje y la segunda estatua descubierta fue la de Billy Cunninghan, que jugando su segundo en año en la NBA, terminó disputando 81 partidos, con una media de 18.5 puntos por partido (1495 puntos en total en la temporada regular), además de atesorar un total de 589 rebotes y repartiendo un total de 205 asistencias.

Ya en playoffs jugó un total de 15 encuentros, para acumular 339 minutos en total, 93 rebotes y 33 asistencias, con una media 15 puntos por partido, que también resultaron absolutamente claves para el triunfo, primero frente a Boston en la final de la Conferencia Este (4-1) y posteriormente frente a San Francisco en las finales de la NBA (4-2 ante unos Warriors que también guardan una estrecha relación con la ciudad de Philadelphia).

La tercera estatua que se descubrió fue la del increíble Wilt Chamberlain. Una escultura que hace que se enorgullezcan todos los fans de los 76ers y que inspira a los jugadores del equipo, que acuden a entrenar a Camden. Y es que estos tres jugadores son historia de la grandeza de los Sixers y de la NBA, en todos sus años de historia.

Sobre todo si hablamos de Wilt Chamberlain, que es uno de los grandes hitos de este deporte y para muchos es el más grande de todos los tiempos.

Un jugador que hizo grande a los Sixers y a la ciudad de Philadelphia y que terminó su carrera profesional con 13 participaciones en el All-Star de la NBA, además de lograr 4 veces ser nombrado MVP, una vez MVP de las Finales de la NBA (en 1972, porque en 1967 no existía todavía ese galardón), 2 veces campeón de la NBA (1967 con los Sixers y en 1972 con los Lakers), 7 veces miembro del primer quinteto de la NBA y 2 veces en el primer quinteto defensivo.

Lució con orgullo el número 13 allá donde jugó y que allá donde jugó logró que su número se retirase (Warriors, Lakers y por supuesto Sixers), y que pasó a la historia como el único en toda la NBA, que hasta la fecha ha logrado anotar 100 puntos en un partido, llevando la camiseta de Philadelphia en el pecho (en un partido disputado en Pennsylvania entre los Warriors y los Knicks).

Sus números dejan perplejos a todos los que se asoman a verlos, con un promedio en su carrera de 45.8 minutos jugados por partido, además de anotar 30.1 puntos por partido y 22.9 rebotes de media, sin olvidar las 4.4 asistencias por encuentro que promedió.

Algo increíble que se materializó en un anillo en 1967, que supuso la ruptura de una larga racha victoria de los Celtics y que supuso que los Sixers de esa temporada entrasen por la puerta grande en los libros de historia del deporte en todo el mundo.

En esa temporada lideró a un equipo para la historia, que en el 35 aniversario de la liga fue elegido como el mejor de todos los tiempos y en el que Chamberlain jugó 81 partidos de temporada regular, con un promedio de 45.5 minutos por partido y una media 24.1 puntos y 24.2 rebotes por partido.

Eso sirvió para lograr ayudar a sus compañeros para alcanzar el mejor balance de la temporada regular y que de paso lograsen más tarde doblegar a los archirrivales Celtics, que llevaban ocho años seguidos ganando la NBA.

En la postemporada de aquella temporada logró disputar 15 partidos, con una media de 47.9 minutos por partido y 21.7 puntos y 29.1 rebotes de promedio. Algo soberbio que guió a los Sixers a su segundo anillo de la franquicia y primero de Philadelphia con el nombre de 76ers.

Wilt Chamberlain fue y sigue siendo todo un icono de la liga en todo el mundo y los Sixers pueden presumir de haber sido uno de los equipos que más importantes fueron en su carrera y que la ciudad de Philadelphia fue una de las que realmente marcaron al Chamberlain jugador.

Tanto que el anillo logrado en 1967 fue muy especial, no solo para él , sino también para la organización y la ciudad, que presume de haber podido tener a uno de los mejores equipos de la historia, liderado por el más grande center que jamás ha existido en el baloncesto.

Ahora los Sixers retoman estos homenajes a importantes personajes del pasado y ahora tenemos la oportunidad de poder disfrutar de una nueva estatua, la de Maurice Cheeks, que inaugura los homenajes que los Sixers rendirán en el futuro al equipo de 1983, que también salió campeón en aquella temporada.

Sin duda fue uno de los grandes de los Sixers en aquella época dorada, en las que condujo a Philly a tres finales de la NBA, en 1980, 1982 y finalmente al anillo 1983, además de terminar su carrera deportiva con 12,195 puntos anotados (11.1 puntos por partido), 7,392 asistencias repartidas (6.7 por partido) y 2,310 robos de balón (2.1 por partido), en 15 temporadas, donde logró el anillo en 1983, logró ser elegido en 4 ocasiones al partido de las Estrellas, otras 4 veces elegido en el equipo defensivo de la NBA.

Además, Cheeks tiene su número 10 retirado en el Wells Fargo Center, destacando sobre manera ese mágico 1983, donde jugó 79 partidos de temporada regular, promediando 12.5 puntos por partido, 6.9 asistencias y 2.3 robos de balón por partido.

Unos números que se fueron a los 16.3 puntos por partido, 7 asistencias de media y 2 robos de promedio en los 13 partidos que jugó en aquellos playoffs. La mejor de sus 11 temporadas en Philadelphia. 

Con él, el camino de la fama de los Sixers se hace cada vez más brillante, con más y más estrellas de la historia del baloncesto, que dejaron en Philadelphia sus mejores años y sus mayores logros. Todo un ambiente inspirador para los jóvenes que les toca ahora defender la camiseta de los Sixers y llevar al equipo a recuperar los laureles que los Sixers lucieron con orgullo en el pasado.

Hasta pronto desde España.

@Sixers_Espanol