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Lonzo Ball ha brillado en el rebote y esa ha sido una de las claves de sus buenos rendimientos.
(Harry How/Getty Images)

El rebote, la llave que abre el juego de Lonzo Ball

by Rodrigo Azurmendi
Reportero en español

EL SEGUNDO – Brian Shaw parece haber encontrado la clave para resolver el acertijo que por momentos presenta Lonzo Ball.

El entrenador asistente, mano derecha de Luke Walton, retó al base a involucrarse aún más en la persecución del rebote – una faceta en la que el oriundo de Chino Hills siempre ha brillado.

“Estaba tratando de enfocarme en eso porque B-Shaw habló conmigo y (dijo que) juego mucho mejor cuando bajo rebotes”, reconoció Ball el domingo por la noche tras conseguir el segundo triple-doble de su joven carrera en la victoria ante los Denver Nuggets.

Dentro de una ficha impresionante, los 16 rebotes capturados brillan con luz propia. Ball siempre ha mostrado afinidad a los tableros, promediando 6.0 por juego en su única temporada en UCLA.

“Estaba obligado desde joven porque con mi padre usualmente estaba en la parte de atrás de la presión en la zona 2-3 porque mis hermanos eran más bajos que yo”, explicó. “Usualmente capturaba la mayoría de los rebotes”.

El base ya promedia 7.1 rebotes en lo que va de la temporada, la cuarta mejor marca entre novatos por detrás de Ben Simmons, Lauri Markkanen y John Collins – todos jugadores entre cuatro y seis pulgadas más altos que él. Ball también es uno de los 40 mejores reboteadores de la NBA.

“Es la manera que ve el juego”, opinó Walton. “Creo que ataca el rebote hacia donde va. No espera que la bola venga a él, él va a buscarla. Entiende los ángulos y sale del piso bastante bien cuando lo hace”.

El entrenador de los Lakers intentó poner en contexto esta gran fortaleza de su juego.

“Su habilidad para bajar rebotes viene primero de su deseo de ganar, porque es incansable, y luego de su habilidad para anticipar donde va a ir la bola”, observó. “Incluso a veces sabe que no va a ser capaz de capturar el rebote, y se posiciona para poder robarlo una vez que lo atrapan. Tiene una gran sensibilidad para saber donde estar en la cancha”.

Ball simplificó la ecuación, y dijo que su tarea es buscar la bola, sabiendo que los internos de ambos equipos se bloquean entre sí.

“El contragolpe comienza mucho más fácil cuando tengo la bola y no espero que el interno me la de”, explicó. “Nos ayuda mucho en la ofensiva porque podemos salir más rápido. Funciona para nosotros”.

Ball ha mostrado una capacidad innata para darle rienda suelta al contragolpe de manera casi inmediata. En estas dos jugadas, Ball presiona a la defensa rival al atacar sin dudar, y tanto Julius Randle (arriba) como Josh Hart (a continuación) se ven beneficiados por correr la cancha con ímpetu.

Este tipo de jugadas tienen varios efectos positivos, tanto en lo individual como en lo colectivo. Básicamente, en las propias palabras de Ball, esto fomenta la “ofensiva tempranera”.

Al mismo tiempo, la búsqueda del rebote es algo que agudiza y especifica el rol de Ball cuando esta en cancha, y eso lo ha llevado a tener mejores actuaciones. Si bien la muestra es muy pequeña, en los tres partidos que Ball ha capturado 10 rebotes o más, sus promedios son de 19.7 puntos, 13.0 rebotes y 11.0 asistencias, con 46.2 por ciento en tiros de cancha y 44.4 por ciento en triples.

“Creo que muestra que estás más involucrado porque estás persiguiendo la bola”, reconoció Ball. “Definitivamente ayuda a la ofensiva, me ayuda a mí estar más metido en el juego, y por eso cada vez que puedo ir a buscar el rebote, lo hago”.

Aquí, el capturar el rebote y sacar el pase de inmediato es lo que permite a Kentavious Caldwell-Pope conducir un contragolpe en superioridad numérica, y a Randle definir en su zona de confort:

Más allá de la ventaja de ahorrar segundos que valen oro a la hora de salir en transición, Ball confesó que también existe un componente mental. El tener el balón en las manos, para un base que no se caracteriza por monopolizarlo, le da la cuota justa de protagonismo que necesita, incluso en partidos en los que su tiro no es efectivo.

“He demostrado que puedo bajar rebotes, y cuando no lo estoy haciendo es como si estuviera flotando”, apuntó. “Para (Walton), y el resto del cuerpo técnico, cuando bajo rebotes es que estoy involucrado, y trato de ayudar a mis compañeros de la manera que pueda”.

Aquí, nuevamente, Ball anticipa el recorrido de la bola, le gana la batalla a Will Barton y Emmanuel Mudiay, y vuelve a poner a KCP en una situación ideal, que termina con el alley-oop a Brandon Ingram.

En el tablero ofensivo, Walton suele darle más libertad a Ball que a otros. El base ha mostrado tener el instinto y el porte suficientes como para darle al equipo más de lo que le resta al no volver en transición.

La estrategia ha pagado dividendos, ya que Ball se ubica cuarto entre bases de la NBA con 1.4 rebotes ofensivos por partido, por encima de expertos en la materia como Russell Westbrook o Marcus Smart.

“Ofensivamente todavía queremos que regrese”, avisó Walton, intentando explicar el equilibrio entre cuándo darle luz verde y cuando no. “Es un gran reboteador ofensivo así que le hemos dado algo de libertad para atacar el tablero ofensivo, pero si el hueco no está, esperamos que sea el primero que regrese en transición defensiva”.

Ball parece estar manejando esas situaciones con astucia, y sus aportes en ambos vidrios han sido clave para que los Lakers lideren la NBA en rebotes – junto a Boston y Philadelphia – con 47.5 por noche.

Y es que todo vuelve al mensaje de Shaw para Ball – desde un mejor rendimiento para el armador, hasta una gran actuación colectiva del equipo, que dio 338 pases y repartió 36 asistencias ante los Nuggets.

Aún en la vorágine del partido, Ball dijo que el flujo del partido es mejor cuando él se activa en las ventanas.

“Yo lo siento cuando estoy bajando rebotes porque el ritmo es mucho mejor”, concluyó.

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