El amanecer de una nueva era en Minnesota

Por Miguel Ángel Martín

Colaborador de Timberwolves.com

@BerkutMartin

Hace unos meses, cuando nos enterábamos que Cleveland volvía ser el dueño del número 1 del draft por tercera vez en cuatro años, a no pocos equipos y aficionados les asaltó el sentimiento de envidia por la tremenda suerte de poder acumular tanto potencial joven en tan poco tiempo. No pocos quisieron estar en el lugar de Cleveland.

En Minnesota no podíamos sospechar en esos días que en realidad serían los Timberwolves quienes estaban teniendo de cara tanta suerte y no Cleveland. Para Cleveland, el destino estaba preparando otra sorpresa no menos grata.

El terremoto que sacudió la liga en el verano, cuando LeBron James decidió escoger a Cleveland como su nuevo equipo lo cambió todo. No firmó un largo contrato, solo dos años, como queriendo compensar a los Cavs lo que en su día le dieron y poder lograr lo que se le atragantó en 2007, ante los Spurs que se le volvieron a cruzar en el camino este año. Y quizás fueron estas derrotas las que provocaron el terremoto que tantos planes ha cambiado para la franquicia de los Cavs.

Y no solo para los de Ohio, sino también para los de Minnesota que terminarían viendo como un mal trago (el desprenderse de una estrella como Kevin Love) se convertiría en la esperanza de un nuevo futuro lleno de ilusión. Se ha pasado del sentimiento agrio de la nueva reconstrucción, por no haber accedido a los playoffs, a la esperanza de que pronto los Lobos accederían a las eliminatorias por el título.

Wiggins es el estandarte de estos nuevos Lobos que afrontan esta nueva era, sin la tristeza de quien empieza una reconstrucción que no sabe cuando terminará, sino con la alegría de quien empieza un caminar, viendo mimbres con los que construir algo grande.

La necesidad de ganar ahora y luego fue tan grande que el futuro no se ve más allá de los dos años de contrato de Lebron. O ahora o nunca, lo que hizo que Wiggins se convirtiera en el segundo jugador en la historia de la NBA (desde que se fusionó con la ABA), que es traspasado a otro equipo sin haber debutado con el equipo que le seleccionó en el draft.

Fue en 1993 cuando Webber y ‘Penny’ Hardaway intercambiaban sus destinos en la misma noche del draft de aquel año. Uno marchó a los Warriors, mientras que el otro marchó a los Magic. En el caso de Wiggins hemos tenido que esperar algo más de tiempo, ya que sin el terremoto LeBron nada de esto hubiese pasado y los Lobos todavía tendrían una patata caliente entre sus manos con el caso Love (que afirmaba que se marcharía de Minnesota lo más tardar en el verano de 2015).

La decisión de Lebron fue la mejor posible para los intereses de los Cavs (ya que inmediatamente se convertían en aspirantes al anillo), pero también la mejor de las noticias para Minnesota que sabía que podría cosechar el mejor premio posible por Love en Ohio. En ningún otro sitio que en Ohio. Ni en el seno de los Warriors, ni en el de los Bulls, sino en el seno de los Cavaliers.

Incluso el destino ha sido ventajoso para los Lobos, de un modo un tanto retorcido. El draft del 2013, concedía de nuevo la ventaja de escoger primero a Cleveland, poniendo sus ojos en la estrella canadiense Anthony Bennett. Una mala temporada hizo que en Ohio perdieran pronto la fe en el potencial que podría mostrar dentro del equipo.

Esa falta de fe ha venido muy bien a los intereses de Minnesota. Lejos de pensar que la mala temporada de Bennett puede resultar un lastre para nuestros intereses, lo cierto es que puede haber resultado una bendición. Y es que el inevitable canje de Love hacia otro equipo, convertía a Cleveland en el mejor destino para él y para los Lobos y que el principal objetivo de Minnesota era y es Andrew Wiggings, y que tal vez solo con él las negociaciones con Cleveland hubiesen podido llegar a buen puerto. Pero en Ohio pusieron también en la mesa a Bennett, para bendición de los Timberwolves.

No solo obteníamos a Wiggins, sino también a otro gran número uno. Un gran número uno que solo ha podido llegar a Minnesota gracias a que tuvo una mala campaña la pasada temporada. De lo contrario, nunca hubiese entrado en las negociaciones.

El futuro nadie lo sabe, pero el destino parece haberse aliado con los Lobos de un modo casi idílico. Thaddeus Young era el jugador de la NBA en quien las oficinas de los Lobos se habían fijado como posible sustituto de Love en la próxima campaña. No pocos medios afirmaban que una vez le concretase el canje de Love por Wiggins y Bennett, el número uno del draft del 2013 iría a Philadelphia a cambio de Young. Pero la operación de reconstrucción radical a la que se están sometiendo los 76ers ha propiciado que Young pueda recalar en Minnesota sin tener que desprenderse de un gran activo como es caso de Bennett.

Más motivos para sonreír si tenemos en cuenta que la selección de los Lobos en la primera ronda es un jugador muy atlético, que también dará mucho de que hablar dentro de la franquicia. Zach LaVine, como en el caso de Wiggins no esperó mucho en la universidad antes de dar el salto a la NBA. Wiggins y él formarán un gran tándem con el que Rubio sin duda disfrutará, cuando se trate de repartir asistencias que acaben de un modo espectacular.

Un gran cúmulo de circunstancias positivas que solo con el paso del tiempo se han visto que han puesto de cara a Minnesota una nueva era, en la que todos confían. Una era que esperemos nos lleve hasta donde nunca antes la organización llegó dentro de la NBA. Al anillo.

Eso solo el tiempo lo dirá. El tiempo es un juez implacable que tarde o temprano dictará sentencia. Pero lo que sí sabemos ahora es que ahora en Minnesota todo son buenas noticias y buenas vibraciones de cara al futuro. Todo son sonrisas y optimismo.

Hasta pronto desde España.