Kevin Johnson merece una llamada del Salón Clon

(Traducido al Español por: Oscar Minan Raffo)
Publicado en: Febrero 7, 2013

Mucho antes que los fanáticos supieran quien era Goran Dragic, Steve Nash o Jason Kidd, había un atacante que cambió la cara de la organización y de la ciudad. Este embriagador joven atleta de d-1 pies de altura, se unió a equipo de los Phoenix Suns en el medio de uno los periodos más oscuros en la historia de la franquicia en 1988. Pero como dice el dicho “la oscuridad siempre precede al amanecer” Con el escándalo que sacudió la institución desde sus cimientos aún fresco -el acuerdo que se firmó en Febrero 25 de 1988 envió al mejor jugador del equipo de entonces, Larry Nance a Cleveland a cambio de lo que algunos fanáticos de los Suns llamaron jugadores que no estaban fogueados. Uno de estos jugadores fue Kevin Johnson, y aunque su nombre fuera todavía desconocido en aquel momento, terminaría por convertirse rápidamente en el favorito de la fanaticada, la imagen de la franquicia y eventualmente en una leyenda en la ciudad. Si los fanáticos de los Suns lo hicieran a su manera, ellos añadirían su nombre al Salón de la Fama del basquetbol.

Anterior a su llegada al valle, su capacidad de liderazgo y trabajo duro eran más que aparentes para todos aquellos que compartieron el campo con él. Uno de esos fue su ex compañero de equipo Mark West, quien jugó con Johnson en Cleveland antes del mencionado canje -que los llevaría ambos a viajar a Phoenix- y que he mencionado líneas arriba. “Pensé que él podría ser un buen líder” manifestó West. “Probablemente sea la persona más competitiva que haya conocido en mi vida. En aquella época teníamos a Mark Price en Cleveland, y Mark tenía que dejar de practicar ya que Kevin iba a lograr que se lesionara en su busca de lograr el titularato. El era un competidor increíble, un atleta increíble” culmino.

Desde su llegada a Phoenix, su competitividad y espíritu atlético fueron abundantemente claros para todos, no solamente entre sus compañeros de equipo y sus oponentes sino para todos en la liga de la NBA. Inmediatamente, durante su tercera aparición con el uniforme de los Suns –vistiendo el No. 11 en lugar del No. 7 lo que haría más tarde del numero 11 un sinónimo del nombre KJ- anoto 10 puntos, sirvió 16 asistencias y se apropio de 4 rebotes. No era para nada una mala manera de presentarse ante los fanáticos de Phoenix. Continuo aquella performance lanzando 16 de 21 desde el campo para anotar 36 puntos y logro 15 asistencias en los siguientes dos juegos. Sin embargo lo mejor aun estaba por llegar para esa nueva temporada.

Como nos lo recuerda, su compañero de equipo en aquel año, la leyenda de los Suns Alvan Adams, en ese momento cayó en la cuenta que Johnson iba a ser algo extremadamente especial. “Es un líder” continuó Adams. “Llegó a los Suns durante my última temporada. Aún recuerdo un juego durante la última parte de esa temporada. Jugábamos contra Seattle, en casa. Matemáticamente estábamos fuera de la competencia para los playoffs. Fue durante ese juego con los dos en la cancha. El entrenador pidió tiempo y daba instrucciones, era un juego muy apretado. En ese momento nos salimos del grupo y Kevin me dijo: Alvin mantén a tu gente fuera de los tableros, vamos a ganar este juego solamente si mantenemos a nuestra gente fuera de los tableros” Por una centésima de segundo hice un pausa y pensé eso no es más que un novato hablando, pero al mismo tiempo rápidamente me vino otro pensamiento: esto es liderazgo. El se ha ganado el derecho a ser escuchado porque trabaja muy duro y porque conoce este juego muy bien” comentó.

Aquel juego tuvo lugar en Abril 16 de 1988 y aunque el juego estaba en 26-51 al entrar, Johnson se entregó por completo con 31 puntos, 14 asistencias, 10 rebotes, 3 robos de balón y dos bloqueos en el encuentro que terminaría con el marcador final de 121-119 en sobre tiempo con un electrizante triunfo sobre los Sonics de Seattle. Una cualidad que se convertiría en un símbolo de su carrera. Fueron actuaciones como aquellas las que dejaron las mejores impresiones en Adams. Una impresión que ha durado y se ha mantenido por 25 anos.

“Supe que sería un excelente jugador en el futuro” recuerda “que sería la imagen del equipo por un tiempo. Lo que no sabía era que sería tan bueno como pensaba, por ello cuando me retiré sabia que los Suns estarían en muy buenas manos” concluyó.

La intuición de Adams era la correcta. La siguiente temporada Johnson tomó los reinos como uno de los líderes del equipo y como el favorito de la fanaticada. Se convirtió así en la más grande transformación en la historia de la organización. El equipo pasó de 28-54 en la temporada de 1987 – 1988 a 55 – 27 en la temporada subsiguiente, lo que en aquel tiempo sería el mejor record en la historia de la franquicia. Y aunque él no hizo todo esto en solitario, -el equipo añadió a Tom Chambers y a un nuevo jefe de entrenadores Cotton Fitzsimmons durante la temporada baja- Johnson llevó su carrera al siguiente nivel. Durante la temporada el promedió las estadísticas más altas por juego en: canastas (20.4); asistencias (12.2) robos de balón (1.7) y minutos (39.1) mientras ponía un impresionante record en rebotes con (4.2).

La combinación de nuevas adquisiciones durante la temporada baja, los picos en la carrera de Johnson y su deseo de ganar ayudaron a los Suns a ser un shock en la liga. Lograron llegar hasta las finales de la Conferencia del Oeste antes que sus enemigos en la división, los Lakers quienes terminaron con su mágica carrera. A pesar de competir contra algunos de los equipos más difíciles de la liga en su segunda temporada como profesional, Johnson no se inmutó. El quiso ganar a toda costa, sin importar a quien se le pusiera enfrente.

“Con su capacidad atlética, su empuje fue el de ganar partidos; sin importar las ventajas o superioridad de rivales a enfrentar” recordó el ex central Mark West. “A él no le interesaba cual era el status de la persona que tenía que enfrentar. Aún cuando se tratara del mismo Magic Johnson -quien era increíble y quizás el mejor atacante que jamás haya jugado- o cualquier otro, Kevin estaba listo para enfrentarlos” añadió. Johnson estaba listo a enfrentar nuevamente a Magic y al resto de los atacantes de la liga durante la temporada de 1989 – 1990 en cualquier ocasión y salir exitoso nuevamente. Estableció una nueva marca en su carrera como anotador, tuvo el segundo más alto promedio en el equipo con 22.5 puntos por juego, lideró el equipo en asistencias con 11.4 y una vez más llevaría a su equipo a una intensa temporada durante los playoffs. En esta ocasión venciendo a uno de sus más celebres rivales: los Lakers, por vez primera en los playoffs cuando se enfrentaron cara a cara en las semifinales de la Conferencia del Oeste.

Kevin Johnson promedió 21 puntos y 10.4 asistencias durante las siguientes 2 temporadas, el promedio más alto en ambas categorías de todo el equipo. A pesar de ello se quedaría corto con su último objetivo el llegar a las finales de la NBA en ambas temporadas. Pero era el momento de un cambio. Y este cambio significaba también una nueva arena –una que KJ ayudo a construir al jugar sus primeras cinco temporadas- y un nuevo rol para Johnson. Un rol que él como el buen compañero de equipo que es recibiría con agrado.

En Junio 17 de 1992, la nómina de jugadores de los Suns recibió un renovado rostro. Partieron Jeff Hornacek, Tim Perry y Andrew Lang y llegaba la superestrella Charles Barkley. Conocido como el “Round Mound of Rebound” (por ser un rebotero que no era de los más altos 6’6 ni los más delgados) pero que destacó por su agresividad en su juego lo que lo llevó a ser uno de los mejores en su posición en la NBA, a pesar de esa “desventaja” para un jugador de esa posición. Esta situación –la llegada de Barkley- puso a KJ en un territorio que no le era familiar. Así las cosas, pasó a no ser la imagen de la franquicia y a jugar un papel de “Robin” en un equipo que tenia a un nuevo Batman.

Muchos jugadores hubieran tomado esta situación como una desventaja, pero Johnson lo tomó como una oportunidad para elevar a su equipo a otro nivel. Aunque sus números disminuyeron, aquella disminución no fue significativa. Johnson probó ser la fuerza guía del equipo a través del circo de los medios de comunicación causado por haber sido reconocido como el mejor jugador de la liga y record en aquel año. “Tenemos una excelente nómina de arriba abajo, un equipo muy completo” se refería Johnson con respecto de la temporada de 1992-1993. “Charles obviamente nos llevó a donde estamos, sin embargo nosotros complementamos su contribución de muchas maneras. Podemos correr o disminuir velocidades y nuestra defensa siempre se mostró muy solida”.

Su actitud y su juego altruista elevaron finalmente a los Suns a las finales de la NBA, la cual se mantuvo elusiva para ellos desde la mágica campaña de 1976. Fue en el máximo escenario de la NBA, en el que KJ a pesar de una persistente lesión a la rodilla, respondió al llamado. Cuando el entrenador Westphal le pidió que tomara uno de los más difíciles retos de toda su carrera, el lo recibió con la misma fiereza, competitividad y con un inmenso deseo de ganar del mismo modo que lo hizo cuando practicaba como un novato en Cleveland.

“En el vuelo a Chicago para enfrentar el tercer juego de las finales, el entrenador Westphal me apartó y me informó que estaría a cargo de la marcación de Michael Jordan por los siguientes dos juegos” mientras recordaba “no es exactamente lo que quieres escuchar después de haber perdido dos encuentros previos como local, y especialmente cuando sentía que podía haber jugado mucho mejor. Pero el entrenador sabía más sobre ese juego que lo que yo sabía y por eso terminamos ganando los dos juegos como visitantes en Chicago. De esto modo convertimos aquella final en una de las más memorables de todos los tiempos” Y mientras que Johnson jugó muy bien contra Jordan, ultimadamente el lanzador de Chicago y su elenco mostraron ser mucho más que los Suns. Terminarían ganando el sexto juego de la serie y el campeonato con un marcador final de 4-2.

Las siguientes cinco temporadas, las lesiones jugaron un papel importante en el rendimiento de Johnson y su habilidad para mantener un rendimiento constante en el campo. Jugaría un poco más del 70% de los 410 juegos correspondientes a ese periodo. Pero cuando estaba presente en el campo, estaba eléctrico. Promediaba 17 puntos, 8,2 asistencias, 3.2 rebotes y 1.3 robos de balón por juego. Además le dio sin lugar a dudas el momento más memorable en la historia de los Suns durante los playoffs de 1994.

A pesar de las lesiones que le impidieron jugar solamente en 67 de todos los compromisos de la temporada regular, Johnson regresó a tiempo para los playoffs. En la segunda ronda los Suns se enfrentaron a los Rockets de Houston y a su jugador Hakeem Olajuwon. Fue en ese momento que KJ decidió saltar derecho al centro del estrellato. Durante el cuarto juego de las finales de la Conferencia del Oeste, en lo que todavía se conocía como el América West Arena, Johnson vino desde la línea de saque y desde allí salto ante la mirada atónita y expectante de Olajuwon en una jugada para inmortalizar en un poster y con una mano anotó una canasta estilo one-handed jam. Un recuerdo que se ha quedado grabado en la memoria de los fanáticos de los Suns que crecieron en los 90 y que no se puede describir sin la ayuda de un video o evidencia fotográfica de lo acontecido, décadas después. Y aunque Johnson brindó otros memorables momentos de juego individual que resaltaron durante las últimas cinco temporadas de su carrera, ninguno pudo compararse como este momento individual que se convirtió en una de sus grandes jugadas de impacto.

Luego de su retiro después de la finalización de la temporada 1997-98, y alejado del los campos de basquetbol por un año y medio, KJ regresó a la ciudad y al equipo que amó. A diferencia de otros deportistas que decidieron cambiar una y otra vez de idea, a semejanza de un vendedor de carros usados buscando cerrar una transacción, su decisión no tuvo nada que ver con reconocimientos o con sus logros. Su retorno a las canchas ocurrió únicamente basado en querer ayudar a los Suns en momentos en que lo necesitaban. Hacia el final de la temporada de 1999-2000, el atacante titular del equipo Jason Kidd se rompió el tobillo. El equipo llamó a Johnson mientras buscaban desesperadamente un remplazo para el jugador lesionado. El 3 de abril en Minnesota con el equipo logrando un 47-25 y encaminados a los playoffs, Johnson regresó.

No era más que otro ejemplo del deseo de Johnson de ir más allá, de dar más de sí por la franquicia que tanto le había dado a lo largo de los años. Ese desprendimiento, en compañía de su espíritu deportivo, deseos de ganar y las estadísticas de una brillante carrera, lo hacen más que merecedor de ser incluido dentro del Salón de la Fama del Basquetbol, como parte de la promoción del 2013. “Si miras a las estadísticas” comentó Mark West, “Estas son comparables con muchos otros atacantes que forman parte del referido Salón. Si miramos a los jugadores que están en el Salón de la Fama y que han competido contra Johnson, incluyendo a Stockton. Es cuestión de ir y preguntarles sobre su experiencia de tenerlo en el equipo contrario. Pregúntenle a Magic como fue jugar contra él. Pregúntenle a Isiah, yo estoy seguro que obtendremos la misma respuesta que he dado. Si, el pertenece al Salón de la Fama.

Un miembro de ese salón y otros ex compañeros de Johnson comparten la misma opinión. “Yo voto por el” dijo Charles Barkley a Suns.com “KJ fue uno de mis mas grandes compañeros de equipo, y me gustaría ver que KJ llegara al salón de la fama” puntualizó. No sólo los jugadores de esa generación, quienes tienen un gran respeto por las habilidades y juego de Johnson piensan que es merecedor de tal honor. Uno de los más grandes nombres y talentos del juego en la actualidad: LeBron James, concuerda con Barkley y con West. ‘Se trata de su aproximación al juego” declaró LeBron y continuó “El es uno de los pocos jugadores que puede dominar el juego de manera ofensiva y defensiva. Era un atacante completo y podría muy fácilmente jugar con los estándares de hoy basado en lo que brindó al juego” aseveró.

La opinión del público y de los jugadores es una cosa, pero si nos basáramos puramente en sus estadísticas de juego, Johnson seria un obvio candidato a recibir una llamada a pertenecer a este exclusivo grupo. El promedio de asistencias de Johnson durante su carrera es de 9.13 por juego, lo que lo convierte en el sexto más alto en la historia del basquetbol profesional. Los otros nombres por encima de él son Magic, Isiah, Stockton, Robertson y Chris Paul. De todos estos 4 pertenecen a dicho Salón y uno de ellos es una opción fija cuando cumpla cinco anos después de su retiro de las canchas. Y por si fuera poco, durante su carrera en juegos por los playoffs promedio 8.9 asistencias por juego, lo que lo convierte en el octavo más alto en la historia de las ligas.

Cuando Johnson llego a Phoenix la franquicia se encontraba en la oscuridad. Gracias a su dedicación por el juego y en especial a sus especiales talentos, los Suns fueron levantándose y saliendo de la oscuridad en muy poco tiempo. Para el momento en que su carrera llegó a su fin, Johnson jugó un papel muy importante en llevar a la organización a alturas que no había visto antes. Se ganaría el respeto de los fans y de los contrarios (incluido Michael Jordan y a un fanático y estrella en la actualidad LeBron James). El ha acumulado estadísticas del nivel de los más grandes en su posición y redefinió además lo que significa para un deportista el ser desinteresado. Ahora 13 años después que su carrera llegara a su fin, es tiempo de añadir una cosa más a la numerosa lista que prueba que Johnson es uno de los mejores.

Es tiempo para que su busto se vea consagrado en Springfield. Es tiempo que el Salón de la Fama le abra las puertas.