Orlando Mendez-Valdez, una historia con final feliz de la Liga Juvenil Libre de Drogas de los Spurs


Ken Rodriguez is a San Antonio native who covered his first Spurs game in 1981 for The Daily Texan, the University of Texas student newspaper. He spent 26 years in the newspaper business -- 21 of them covering sports -- before joining the marketing department at Our Lady of the Lake University in 2009. His Spurs.com column will appear every Wednesday. | In English


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Orlando Mendez-Valdez
No existe mucha esperanza en el viejo barrio, un área de casas pequeñas y averiadas en el lado oeste de la ciudad. Los residentes de esta conflictiva calle secundaria se encuentran rodeados por edificios deteriorados, un cementerio frente a ellos, vías de trenes detrás y un riachuelo a su lado.

Un hombre llama a estas tierras: "el triángulo de las Bermudas de los Problemas" y no hay dudas que sabe de lo que está hablando. El hombre es Abel Valdez y solía visitar una casucha, un lugar que pertenecía a la madre de un niño llamado Orlando. Un niño que nunca conoció a su padre biológico. Orlando pasó por muchas dificultades en la escuela. Uno de sus hermanos fue preso, otro hermano seguía los mismos pasos y nadie esperaba demasiado sobre el futuro de este muchacho, hasta que un día dejó el barrio, se mudó con Abel y destrozó todas las expectativas.

El joven no dejó los estudios. Se graduó de la universidad, rechazó un trabajo de casi seis cifras en Kentucky y se mudó a Méjico para perseguir un sueño. Hoy la historia de Orlando Mendez-Valdez parece el libreto de una película de Hollywood. Un jugador de basquetbol profesional que se sobrepuso a la pobreza para convertirse en el jugador más valioso (MVP por sus siglas en inglés) del torneo en su primera temporada.

¿Cómo lo logró? La madre de Orlando, María Guel, estaba perdiendo sus hijos mayores a causa de las drogas y los cargos de homicidios, y le pidió a Abel su ayuda. El asistente técnico de la escuela secundaria de Orlando, le ofreció al joven su casa y una imagen paterna. Como alumno de sexto grado, Orlando mostraba habilidades prometedoras en el basquetbol pero carecía de orden. Por ello, Abel lo inscribió en SYBL, un programa que atrae a más de 20000 participantes cada año.

"A esa edad todavía tenía problemas con mi comportamiento y mi disciplina. La liga me ayudó a convertirme en un jugador más maduro" dice Orlando.

La Liga Juvenil Libre de Drogas de los Spurs (Spurs Youth Athletic League) celebra su vigésimo aniversario. Fundada en el año 1991 por el entrenador de los Spurs, Gregg Popovich y el presidente de Kids Sports Network, Frank Martin, la liga atrae a niños y niñas de 5 a 16 años de edad desde el centro y el sur de Texas.

Conocida por requerir que sus participantes se comprometan a no consumir drogas, la liga se financia mediante la fundación de los Spurs junto a la ayuda económica de las empresas Pizza Hut y la gasolinera Valero.

El ex jugador de los Spurs Devin Brown, la ex jugadora de las Silver Stars Tai Dillard y el ex jugador estrella de Western Kentucky Orlando Mendez-Valdez son algunos de los jugadores distinguidos que formaron parte de la liga.

Conocida anteriormente como la Liga Libre de Drogas, la fundación de los Spurs sostiene económicamente a SYBL, le provee camisetas, entrenadores capacitados y otros beneficios.

Orlando necesitaba una enseñanza de valores de primera categoría, también necesitaba adoptar el mandato de la liga: no se permiten drogas, alcohol o tabaco.

"Leer las reglas de la liga libre de drogas antes de cada partido tuvo un gran impacto sobre mi" dice Orlando, "fue una gran oportunidad para mantenerme alejado de todas las malas influencias y continuar en el camino correcto".

En el callejón donde alguna vez vivió Orlando, las tentaciones brotaban en cada esquina. El terror golpeaba la puerta. Una mañana lo despertó un fuerte golpe y cuando abrió la puerta se encontró con una prostituta medio desnuda que sangraba a causa de heridas de cuchillo. En otra ocasión vio a través de la puerta trasera de su casa como un tren atropellaba a un hombre sobre las vías, cortándole ambas piernas.

Inclusive hoy en día, años después de haber sacado a Orlando del barrio, Abel escucha pedacitos de historias que nunca había escuchado antes. "Orlando vio como disparaban a personas. Vio morir a personas. Vio prostitución, apuñalamientos y muchas cosas más que un niño no debería presenciar".

Abel con 38 años de edad vivía en el barrio oeste, justo sobre el nivel de pobreza. No tenía esposa, hijos ni un trabajo que le diera un gran sueldo. No obstante abrió su corazón, se convirtió en el tutor legal de Orlando y le ofreció ánimo, disciplina y un porvenir. Quédate en la escuela Orlando y podrás triunfar.

El niño creció, su juego mejoró y la gente empezó a notarlo. Abel desconocía la competición AAU (una obligación virtual para jugadores que aspiran a llegar a la universidad) por eso mantuvo al niño en SYBL.

"Hubiese sido muy fácil para mí vivir otro estilo de vida de no haber sido por la liga SYBL, mi familia o mis entrenadores" dice Orlando.

Nadie sospechaba que Orlando se volvería tan buen jugador. Luego de jugar por unos años en SYBL, ingresó al equipo principal de la secundaria Lanier como un estudiante de primer año. Los Voks, sin ningún jugador que pasara los 6 pies 3 pulgadas, batieron al equipo de Dallas Lincoln liderado por Chris Bosh en las semifinales estatales por 50 a 48.

Tres años después, Orlando Mendez (como era conocido en ese entonces) promediaba 23 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias y 5.5 robos por partido. Estas estadísticas le permitieron ganarse el reconocimiento del Jugador del Año de San Antonio y sus áreas, aunque no fueron lo suficientemente buenas para conseguirle una beca en la División I.

Algunos opinaban que era muy bajo (6 pies 1). Otros decían que era muy lento. Otros citaban su etnicidad y decían que su no participación en la liga AAU lo había privado de exposición crítica. Orlando continuó con su camino, asistió a un instituto secundario privado en Carolina del Norte y luego recibió una oferta para jugar en Western Kentucky. Adhirió también a su nombre el apellido "Valdez" en honor a Abel.

Le llevó tres años a Orlando Mendez-Valdez ganarse un lugar en el quinteto inicial y cuando lo hizo, conquistó al periodismo nacional. "Es un muy, muy buen jugador de basquetbol" escribió un columnista del periódico Chicago Tribune.

Como estudiante del último curso Orlando ganó el reconocimiento de Jugador del Año de la Conferencia Sun Belt, así también como la mención de honor de All America honors y llevó a Western Kentucky al Sweet 16 (semifinales regionales de basquetbol universitario), pero ningún equipo de la NBA lo seleccionó en el draft.

Sin embargo, el alejamiento de la pobreza continuaba. Orlando se graduó con un diploma en educación física y nadie sonreía más que Abel. "Ni siquiera se esperaba que el joven se graduara de la escuela secundaria" dice Abel, quien ahora trabaja con niños emocionalmente disturbados. "Un maestro me dijo que no tenía capacidad para el estudio, por eso el hecho que obtuviera este diploma en cuatro año me pone inmensamente orgulloso".

Orgullo es una buena palabra. Orlando llevó su juego a Méjico, promedió 16 puntos y 4 asistencias y ganó el reconocimiento de MVP en el torneo. Él, junto a Devin Brown, ex jugador de los Spurs y Tai Dillard, ex jugadora de las Silver Stars son alumnos de SYBL que llegaron a jugar al basquetbol de manera profesional. "Se encuentra en un paraíso" dice Abel sobre Xalapa, conocida como la ciudad de las flores, el ahora hogar de Orlando "Hay loros por todas partes, la vegetación es exuberante y verde. Se encuentra muy bien atendido".

Orlando aprecia la comodidad y la buena vida pero espera competir a un nivel diferente. "Mi sueño de jugar en la NBA todavía sigue intacto" dice. También cultiva otro sueño, uno que lo llevará de regreso a su infancia. Quiere convertirse en entrenador de una escuela secundaria, un mentor que ayude a los niños en riesgo a salir de la pobreza y darle un propósito a sus vidas. En realidad, quiere ser como el hombre que le abrió las puertas de su casa y le entregó una pelota.

El hombre a quien él siempre llamará "papá".