Hablar de la nueva figura de las “Espuelas” de San Antonio, recientes campeones de la Conferencia Oeste de la NBA, es decir del argentino Emanuel “Manu” Ginóbili, ha pasado por éstos días ha ser un deporte más para todos sus compatriotas.

No se trata de la fiebre del fútbol o del clásico del domingo (River-Boca es uno de los máximos derbys del fútbol mundial), o de la disputa de una copa del mundo en alguna disciplina ajena al fervor popular como el hockey sobre césped, o algún otro acontecimiento donde se enarbole la gloriosa “celeste y blanca” (colores de la enseña nacional).

Manu Ginóbili, figura con los Spurs en los Playoffs. Aquí enfrentando a Raef LaFrentz de los Dallas Mavericks.
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La NBA de la mano de las genialidades de éste longilíneo y simpático zurdo bahiense, que ha llegado a las finales de la liga más importante del planeta en su primera temporada (Manu es originario de Bahía Blanca, llamada la capital del básquet por aquellas tierras) se ha introducido en la vida de todo habitante con un impacto mayor al generado en la década de los años 90 con las transmisiones de los Bulls, las hazañas de Michael Jordan, y compañía.

Aunque él no se inmute y permanezca tan humilde como siempre diciendo de que se trata “de un sueño del que no quiero despertar”, es claro que los millones que lo observan por TV, trasnochando en bares o en casa de privilegiados amigos que poseen televisión por cable, ven en el basquetbolista al argentino que todos deseamos ser y que reivindica por cierto al prototipo del “héroe nacional”.

El deportista talentoso y ganador, cuya fama trasciende más allá de las fronteras. Aquel que demuestra que, aún en las más adversas condiciones socioeconómicas por talento, garra y corazón si bien no es “o mais grande do mundo” como reza viejo adagio brasileño está en condiciones de triunfar donde sea y ante quien sea, como diría cualquier “fana” argentino convertido hoy en “Manumaníaco”.

Ya sin Maradona, ícono máximo de la idolatría de los amantes del balompié- fútbol, primer deporte en la lista de preferencias en Argentina y en toda América a excepción de los Estados Unidos, con el fracaso de Corea-Japón a cuestas, y la gran actuación de la selección de básquetbol en el mundial de Indianápolis, donde el conjunto nacional obtuviera en forma brillante el subcampeonato, sumado al suceso de Manu en la NBA, fueron elementos necesarios y más que suficientes para que naciera un nuevo idilio, otro romance entre el genio y su público.

“Manumanía” que posee profundas raíces sociológicas y porque no psicológicas. A quien no le gusta ser ganador, a quien no le encantaría pertenecer a la élite de los triunfadores. Ser argentino, al igual que Manu nos convierte, aunque más no sea un poco en partícipes de su éxito. “Manu es patrimonio nacional”, diría uno mientras aclara quien es el joven que la ‘rompe’ con la redonda, pero en la cancha de los aros y gastándola con la mano. “Increíble” exclama otro enloquecido por otra de sus volcadas de espaldas al tablero, ante lo cual se escuchará sin dudas, “ que querés, vos sabés donde aprendió éste”, en alusión directa a su mágico y geográfico origen.

‘Manu’ todo un ídolo en San Antonio y toda la Argentina.
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Estas expresiones populares, bien exacerbadas por la prensa y siempre utilizadas por los políticos de turno, que reiteran el ritual de recibir a los héroes del deporte nacional en la Casa Rosada (sede del gobierno federal en la ciudad de Buenos Aire-han pasado a ser parte del llamado folklore nacional, y contribuyen por cierto a la formación de una cultura de adulación con tintes xenofóbicos sin llegar a los extremos de otras latitudes. Como dijera un viejo general: “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.

Para sus seguidores, esparcidos a lo largo y a lo ancho de la vasta geografía del sureño país sudamericano, se trata una vez más de demostrar, no importa cual sea el deporte, que los argentinos están hechos de una madera especial, y que pueden competir de igual a igual con cualquier nación, no importa su grado de desarrollo.

Es ver, como otrora pasara con el tenista Guillermo Vilas al ganar el abierto de los Estados Unidos ó Roland Garrós, o con el automovilista de F-1, hoy devenido a político, Carlos Alberto Reuteman al triunfar en otro grand prix, o el momento de gloria sublime al ver coronarse al seleccionado nacional de fútbol en un mundial como en México 86, es ver la bandera nacional en lo más alto del mástil en cada disputa en la que se haga presente.

Por eso la euforia de la gente para seguir a los Pumas-rugbiers-cuando enfrentan a los All Blacks de Nueva Zelanda en el estadio de River o al conjunto de la rosa-Inglaterra-en un mundial, por ello el afán de saber si ganaron o no las leonas-jugadoras del seleccionado femenino de hockey sobre césped-en otro campeonato mundial o en los juegos olímpicos, por eso ésta enorme locura por el básquetbol y su mejor exponente.

Además de todo ello, colores nacionales de lado, Manu es figura en Estados Unidos entre los latinos, como suelen denominar aquí a los que platicamos la lengua de Cervantes y a algún que otro brasileño cuando se enteran que también ellos lo son.

Su figura no sólo ha alcanzado ribetes increíbles de popularidad entre la fanaticada de los Spurs sino que además comienza a ser seguido en otros estados de la unión por integrantes de otras nacionalidades que gustan del básquetbol como los puertorriqueños, los mexicanos y hasta los cubanos. Y que decir de los americanos de habla inglesa que embelezados por su juego, tan electrizante como efectivo, comienzan a ver con admiración y simpatía al rookie que llegó de Italia. Charles Barkley exestrella de la NBA, hoy comentarista de la cadena televisiva TNT es su admirador número uno.

‘Manu’ siempre amable con la prensa internacional.
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Así las cosas, “Manumanía” de por medio, y con el aporte de otros grandes jugadores como el mexicano Eduardo Nájera,de los vecinos de Dallas y el brasileño “Nené” Hilario de los Nuggets de Denver, el básquetbol-espectáculo de la NBA impacta en la vida de millones de televidentes en Latinoamérica. Por su parte en Argentina ha logrado revolucionar un país y modificado las preferencias deportivas a la hora de encender el televisor-por primera vez en la historia las finales de la NBA serán transmitidas en directo por un canal de aire-y lo que es más importante ha generado un verdadero boom de miles de niños, que como mi hijo Francisco de tan sólo 8 años, han colgado los botines con la esperanza de emular al nuevo ídolo de los argentinos.

*Nelson A. Da Silva, periodista, es originario de Bahía Blanca, Argentina. Se desempeña como Editor de Deportes del periódico La Raza Newspaper de Chicago, Illinois y es además Manager Regional y columnista de la revista deportiva El Gráfico USA. Colabora además entre otras publicaciones con La Ola Latinoamericana de Indianápolis, La Nueva Provincia de Argentina y otros medios periodísticos de su país.