Unos Spurs perdurables regresan a Las Finales mientras que los emergentes Grizzlies buscan una nueva dirección
Dentro del mismo escenario la noche del lunes, otro espectáculo que está en gira siguió manipulando sus propias líneas de edad para seguir consiguiendo logros. Los San Antonio Spurs no propiamente llevan trabajando y brillando medio siglo como Sir Paul, pero hablando en años deportivos, la sociedad Gregg Popovich-Tim Duncan sería la comparación más apta que se puede encontrar en el mundo del deporte moderno.
Piensen en esto. Cuando ganaron su primer título en 1999, los estudiantes universitarios de hoy estaban en el jardín infantil. Los que eran adolescentes en ese entonces ahora tienen sus propios niños que llevan la camiseta con el número 21 de Duncan, tal y como ellos mismos lo hicieron. Esto es algo único: Un jugador trascendente y un entrenador brusco – sumados a un gerente general astuto e inteligente como RC Buford que ayudó al grupo escogiendo a Tony Parker a finales de la primera ronda de la lotería y a Manu Ginóbili al final de la segunda ronda - y muchos años después todo vuelve a ser igual que siempre, pues los Spurs de nuevo están de regreso en las Finales de la NBA.
Duncan y Pop disputarán su quinto campeonato en 15 temporadas y el cuarto desde que formaron el ‘Gran Trío’. Terminaron el trabajo con una victoria de 93-86 para barrer a los Grizzlies de Memphis superados en su primer viaje a las finales de la Conferencia Oeste.
“Superar los baches y volver a las finales es una sensación increíble, de verdad”, dijo Duncan, jugador de 37 años de edad, después de sumar 15 puntos, ocho rebotes y cuatro tapones. “No se puede prometer nada. Los equipos siguen cambiando. Cada grupo sigue mejorando año tras año y nosotros hemos hecho cambios mínimos y seguimos jugando y compitiendo a un nivel alto”.
Demasiado alto para un equipo de Memphis que ahora, después de haber completado su temporada número 12 en ese lugar, realmente han logrado atraer a una generación de aficionados al baloncesto propios.
Esas cuatro derrotas consecutivas llegaron de manera insospechada, especialmente después de que los Grizzlies eliminaran a los Clippers de Los Ángeles en seis juegos y al primer preclasificado, los Oklahoma City Thunder, en cinco choques. Pero esa derrota no puede disminuir el gran éxito de este grupo durante una temporada llena de drama, además de haber tenido por decimoséptima vez un lleno completo en partidos de playoffs, público el cual alienta al club de cuello azul hasta la chicharra final y que despidió de pie y en voz alta animando a su grupo que terminó su temporada de manera abrupta.
El entrenador Lionel Hollins, que ha moldeado este equipo a la imagen viril de como él cree que se debe jugar al baloncesto - duro, físico, decidido y de adentro hacia afuera, se quedó en la cancha después de que todos sus jugadores se fueron como si quisiera absorber todo. Él desabrochó el micrófono de televisión que llevaba, se lo entregó al Director de Relaciones Públicas de los Grizzlies, Jason Wallace, y se dirigió lentamente hacia el túnel cuando parte del público seguía aplaudiendo.
El púbico agitaba toallas amarillas y le decían “No nos engañes”, pues tenían que estar preguntándose si Hollins estaría caminando hacia su último atardecer en Memphis.
Entró esta temporada en el último año de su contrato y nunca llegó una extensión nunca llegó mientras que llegaron nuevos propietarios que se hicieron cargo de las operaciones del equipo en plena temporada regular. Estremecieron la nómina con un par de negociaciones que incluían enviar fuera del equipo a su líder anotador, Rudy Gay.
El núcleo del grupo, compuesto por Zach Randolph, Mike Conley, Tony Allen y Marc Gasol, llevó al club el resto del camino, asegurando 56 victorias, el mejor registro en la historia de la franquicia. Enfrentaron a Oklahoma City sin el base estelar lesionado Russell Westbrook y llegaron a un punto sin precedentes en el club.
Y ahora le tocará al nuevo equipo directivo, liderado por el Jason Levien, tomar la decisión correcta en varios frentes críticos, empezando por Hollins, cuyo contrato expira a finales del próximo mes. Él tendrá varios pretendientes y probablemente algunos - los Nets y los Clippers – estarán dispuestos a pagar una buena prima. Un miembro del nuevo y numeroso grupo propietario de los Grizzlies reconoció que Hollins será un hombre que sonará para varios puestos vacantes en la liga, pero agregó: “Tenemos la primera opción”.
Luego seguirán los agentes libres. En lo primordial de la agenda está el corazón y alma del equipo, el creador y gran luchador, Tony Allen. Jerryd Bayless es probable que no siga con su contrato. ¿Y qué hará este nuevo con Randolph, quien cumplirá 32 años en julio y a quien restan por pagarle 34,3 millones de dólares por las dos próximas temporadas?
Si había alguna duda en cuanto al lugar donde esperan estar Allen y Randolph cuando empiece el campo de entrenamiento en octubre, solamente debían mirar sus ojos inyectados en sangre y escuchar sus voces entrecortadas.
“Sangro azul. Aquí es donde quiero estar”, dijo Allen. “Yo no quiero llorar ahora mismo, pues es sólo una gran temporada. Me encanta el espíritu de la lucha de todos estos chicos”.
Randolph lideró al equipo en las dos primeras rondas, pero no pudo conseguir nada que le funcionara contra de los Spurs, pues siempre se encontró con un enjambre defensico cada vez que tocaba el balón en el poste bajo.
“Nunca se sabe”, dijo Randolph mientras se limpiaba sus ojos húmedos. “Ver este grupo y hasta donde llegamos. Aquí es donde quiero estar, así me intercambien. Me gustaría retirarme con los Grizzlies y quedarme aquí”.
Hollins no quiso hablar sobre su futuro tras el partido. Pero antes había manifestado lo importante que ha significado para él entrenar a estos jugadores y poner su sello en este equipo - un club que apenas había ganado 24 choques en la temporada 2008-09 cuando se hizo cargo tras el despido de Marc Iavorani y cuando apenas restaban 39 partidos por jugar.
“De lo que estoy orgulloso es de haber tenido la suerte de entrenar a un grupo que quería ganar”, dijo Hollins. “Ellos no sabían cómo. Eran jóvenes y no sabían cómo trabajar duro porque nunca tenían que hacerlo y yo sólo traté de mostrarles el camino y los puse en un ambiente en el que pudieran tener éxito.
“Estoy orgulloso de ellos porque querían ganar y ellos salieron a la cancha e hicieron todo lo que les pedí. Podrían haber desistido, pero optaron por luchar y ahora mismo están recogiendo la que han cosechado”.

