Un diminuto guardia que vive una vida afortunada dentro y fuera de la cancha

Hay un número de cosas sobre J.J. Barea de las cuales no deben preocuparse.

Su tenacidad debe estar de primera en esa lista.

Luego de haber sido derribado al suelo en pleno aire por un perverso codazo a las costillas proveniente de Andrew Bynum, Barea se levantó por sí mismo un par de minutos más tarde y de forma calmada encestó sus dos tiros libres que ayudaron a barrer a Bynum y a los Lakers, bicampeones de la NBA, de los playoffs en las semifinales de la Conferencia Oeste.

Su determinación debe estar de segunda.

Barea nunca había jugado mejor de lo que lo hizo cuando barrieron a los Lakers. Promedió 11,5 puntos, 5,5 asistencias y acertó el 50 por ciento de sus tiros de campo en esa serie.
NBAE/Getty Images
¿Cómo más se explica que el diminuto Barea (que mide un poco menos de 1,80 metros) juegue su quinta temporada en la NBA mientras que otros con medidas más favorables están en otro lugar? Fichó como agente libre con los Mavericks en agosto del 2006 y ha sido uno de los jugadores más queridos de la franquicia desde entonces.

Sin embargo, la habilidad de Barea para aprovechar las oportunidades puede ser su rasgo principal.

¿Cuántos jugadores de la NBA, cualquier hombre en general, puede decir que ha tenido una cita con una ex Miss Universo? Y Barea no estuvo un en la alfombra roja, ni tampoco fue presentado como una persona importante. Simplemente le mandó a la hermosa Zuleyka Rivera, Miss Universo en el 2006 y ahora actriz de telenovelas, un mensaje de texto y unas semanas más tarde Puerto Rico vio como nacía su versión de la pareja Real.

A Barea no le interesa la publicidad que llega al estar al lado de una celebridad. Su concentración está en el baloncesto. Y más importante aún, en las ocho victorias que necesitan los Mavericks para ganar el primer campeonato de la NBA en la historia de la franquicia.

Pero él será el primero en decir que está viviendo una vida afortunada en este momento, dentro y fuera de la cancha, una vida que puede ser mucho más dulce todavía cada vez que los Mavericks avancen y jueguen en la postemporada.

"La combinación de jugar bien, especialmente en los playoffs, y el hecho de saber que estamos en las finales de conferencia es lo mejor que me puede estar pasando. No hay duda de eso", afirmó Barea. "Uno no recibe muchas oportunidades como éstas en tu carrera, quizás una sola vez si tienes suerte. Uno nunca sabe qué pueda pasar, entonces uno debe hacer lo que pueda para estar en este momento".

Pero Barea está lejos de hacer una novela. Seguro, podría hacerse pasar como miembro del equipo de producción si uno lo ve vestido en traje de calle. Así nos podría engañar. Barea ha sido el guardia armador suplente de los Mavericks las últimas tres temporadas y, aparte de Dirk Nowitzki y Jason Terry, ningún jugador de la nómina de los Mavericks ha estado más tiempo para experimentar los puntos bajos en la postemporada que vinieron luego de esa triste derrota en las finales del 2006, cuando los Mavericks perdieron ante los Miami Heat tras haber estado a pocos minutos de tener una ventaja de 3-0 en esa serie.

"Lo he visto todo", dijo Barea, "los puntos altos y los bajos, los cambios de entrenador y a todos los jugadores que han llegado y los que se han ido desde entonces. Por eso es que disfruto tanto este momento, porque sé lo frágil que puede ser".

Barea nunca había jugado mejor de lo que lo hizo cuando barrieron a los Lakers. Promedió 11,5 puntos, 5,5 asistencias y acertó el 50 por ciento de sus tiros de campo en esa serie. Al igual que lo que le hicieron a los Lakers Nowitzki, Terry y Peja Stojakovic con sus triples importantes, el equipo angelino no pudo detener a Barea. Desmanteló a los Lakers con sus penetraciones, disparos flotantes ante jugadores de 2,10 metros como Bynum y Gasol, al tiempo que lastimaba el juego defensivo perimetral de los Lakers con sus hábiles jugadas y sus pases a los lanzadores abiertos.

Su trabajo en esa serie fue la continuación del trabajo que hizo durante la temporada regular para los Mavericks. Barea promedió los mejores números de su carrera en puntos (9,5), asistencias (3,9) y minutos (20,5) en 81 partidos, incluyendo dos ocasiones en las que fue titular.

"J.J. ha estado jugando muy bien acá durante tres años", afirmó Rick Carlisle, el entrenador de los Mavericks. "Para nosotros no es cuestión de hacernos notorios ahora, Barea ha sido un hombre muy recursivo durante toda su carrera. Estamos hablando de un hombre que no fue escogido en el draft, de poco tamaño, al menos se ve de esa manera. Pero él ha encontrado la manera de hacer un impacto en nuestro equipo y en la liga. Y ser recursivo es una de las cosas más importantes en este momento del año porque hay muchos factores que son similares en una serie de siete partidos".

Los compañeros de equipo y los entrenadores de Barea creen que él apenas se está dando cuenta del jugador que puede llegar a ser. Los destellos de brillo individual que ha mostrado detrás de Jason Kidd las últimas tres temporadas son solamente el comienzo.

Mientras que algunas personas se resisten a verlo como un posible guardia armador titular debido a su tamaño, otro ex jugador de poco tamaño y que hacía las mismas cosas en la posición del puertorriqueño está convencido de que el nivel de Barea puede mejorar mucho más.

Darrell Armstrong , el asistente técnico de los Mavericks, jugó 16 temporadas en la liga con los Magic, los Hornets, los Raptors, los Mavericks, los Pacers y los Nets y eso que medía 1,86 metros y pesaba apenas 85 kilos. Él dice que Barea posee un lujo que la mayoría de los guardias armadores no tienen y es que puede jugar junto a uno de los jugadores más técnicos en la historia mientras navega en las primeras etapas de su carrera.

"Lo mejor que le puede pasar a J.J. en este momento es que puede jugar al lado de Jason Kidd y puede aprender de él, un hombre que lleva haciendo este trabajo durante muchos años", dijo Armstrong. Es muy bueno que tenga muy buenos guardias a su alrededor. Siempre le están hablando al oído. Y yo también trato de enseñarle un poco de liderazgo en esa posición.

"Estuve en una situación similar como jugador, por ser pequeño. Era cuestión de aprender a defender en el poste bajo y también de saber luchar, o de lo contrario me patearían el trasero todas las noches. Me tocaba defender a [Joe] Dumars y a jóvenes como Ray Allen y Latrell Sprewell en ese entonces. J.J. tiene que lidiar con más grandes [guardias armadores y lanzadores] en esta era. Ha hecho un gran trabajo escudriñando y aprendiendo como batallar y eso es lo que separa a los jugadores que están durante muchos años en esta liga y a los que están acá por unos días y luego ya no están. J.J. es incesante y eso lo llevará muy lejos.

"Si yo fuera Bynum, también habría estado furioso. Uno ve a este hombre pequeño doblando la esquina y atacando el aro de frente todo el tiempo. Luego de un rato uno se frustra, pues no es fácil verlo atacar el aro, anotando puntos y haciendo jugadas para otros jugadores. Si ve algún lugar libre, él tomará ventaja de eso".

Barea ha tomado ventaja de cada oportunidad que se le ha presentado desde que logró entrar a la liga luego de una estelar carrera universitaria en Northeastern.

Pero el premio final, para Barea y sus compañeros de equipo en los Mavericks, sigue siendo ese esquivo título de la NBA. La idea de que Barea llegue a su país como campeón de la NBA es algo que ya ha visualizado.

"Sería algo muy loco en Puerto Rico", afirmó Barea. "Ahora mismo lo es porque barrimos a los Lakers y eso fue gigante allá. Pero si llegara a llevar el anillo a casa, no sé...no podría salir del aeropuerto. Sería grandioso por varias razones. Y por eso es que estamos luchando".

Si J.J. Barea está peleando por usted o por su equipo, los dos están en muy buenas manos.