Los votantes dejaron atrás el pasado y recompensaron el talento único de Rodman

Se suponía que el hecho de que los Pistons hubieran retirado su camiseta el viernes en la noche y de que luego fuera seleccionado el lunes al Salón de la Fama harían del anterior fin de semana el mejor de su vida.

Siempre con una personalidad extravagante Dennis Rodman se convertirá en un nuevo miebro del Salón de la Fama .
NBAE/Getty Images
"Oooh". Dijo Dennis Rodman, detrás de unas grandes gafas Gucci, "he tenido muchos grandiosos fines de semana en mi vida".

Luego llegó la sonrisa que invadió la cara de Rodman como solía hacerlo en la cancha de baloncesto, con la cual se dirigía a una docena de direcciones diferentes al mismo y tiempo.

Fue el lado impredecible, indomable y pícaro de su personalidad lo que siempre tuvo a tanta gente preguntándose si alguna vez llegaría este día, incluido el mismo Rodman.

"Yo siempre pensé que nunca iba a entrar", afirmó. "La gente siempre decía, 'Dennis, hiciste tantas cosas fuera de la cancha que no representan a la gente del Salón'. No lo tomaba como una ofensa. Yo decía, 'Gracias, que pase lo que sea'. Disfruté mucho. Tuve una gran carrera. Simplemente lo arruiné.

"Esto representa el hecho que todos miraban el pasado con negativismo. 'En realidad él cambió el juego un poco. Cambió la forma en la que los muchachos tomaban los rebotes, la forma en la que jugaban en la defensiva, la manera en la que la gente miraba y apreciaba el juego'. No era un gran anotador. No era un gran atleta. No quería que toda la gente estuviera enfocada en mí".

A menos de que estuviera posando para una sesión fotográfica vestido con un traje de novia blanco o cubierto con pintura roja y enroscado como una boa.

Pero además de todo eso estaba el hecho de haber sido siete veces campeón de rebotes en la NBA, siete veces elegido al Mejor Equipo Defensivo de la liga, dos veces seleccionado al Partido de las Estrellas y, ah sí, cinco veces campeón de la liga con los Pistons y los Bulls.

Esas son razones reales por las que Rodman se unió a Artis Gilmore, Chris Mullin, Satch Sanders, Tex Winter, Reece "Goose" Tatum, Arvydas Sabonis, Herb Magee, Teresa Edwards y Tara VanDerveer como miembros del Naismith Memorial Basketball Hall of Fame Clase del 2011.

Pero siempre fue su personalidad extravagante y fuera de lo común la que amenazó con opacar las cosas brillantes que Rodman hacía dentro de la cancha.

"De alguna forma, eso siempre fue una pena", señaló Mullin, "porque hubo muchas veces en las que una gran cantidad de gente no quería o podía apreciar el jugador que era Dennis por la personalidad que tenía.

"Era una hombre durísimo de enfrentar. Siempre hacía mejor a su equipo. No solamente los hacía mejores, sino que los llevaba a ser campeones y eso muchas veces pasó desapercibido. Pero te digo una cosa, si él se hubiera aparecido hoy acá vistiendo un traje y una corbata, creo que me hubiera caído de espaldas del escenario".

Rodman, claro, no se vistió así. Tenía una camisa con el cuello abierto de seda blanca que llegaba hasta debajo de su ombligo. Esto último estaba acompañado por un chaleco café, un bluyín, unos tenis negros, una gorra negra y una bufanda con machas de leopardo.

"Fue algo que la mujer que me alista la ropa me dejó listo hace más o menos tres horas", afirmó. "Ella es genial y van a tener que esperar para ver lo que me va a preparar para el banquete del Salón de la Fama.

"Soy un hombre muy solitario. Soy una persona que disfruta su libertad. No es por faltarle al respeto a la gente del Salón de la Fama. Ellos se visten a su manera y yo hago lo mismo. Eso no me hace menos persona o alguien que no salía realizar su trabajo de la mejor forma posible".

Eso no hizo a Rodman menos compañero de equipo con todas las personas que jugó y, además, que tuvo el talento único de ganarse el respeto de aquellos jugadores de otra era.

"Siempre lo evalué como jugador de baloncesto y por sus logros en su área", afirmó Gilmore. "Las demás actividades en las que estuviera involucrado no fueron algo en lo que me enfocara o me interesara. Cuando miraba a Dennis, él salía a la cancha para dar más del 100 por ciento y por eso es lo que más lo recuerdo".

Sanders, de 72 años, vistiendo un blazer azul y una corbata, movió su cabeza y sonrió.

"En los viejos días de los Celtics con Red Auerbach, su personalidad fuera de la cancha no le hubiera permitido jugar en Boston bajo la dirección técnica de Auerbach," destacó Sanders.

"Pero puedo decir esto categóricamente—él podía jugar con cualquier equipo en la NBA en ese tiempo y ahora".

Rodman era el jugador que podía dominar un partido sin tomar un solo lanzamiento, el hombre pensante que se deleitaba con el hecho de no dejar conocer a los demás lo que tenía en mente.

Jugaba como si estuviera escapando de algo y quizás era considerado marginal porque huyó de una vida muy dura en Dallas gracias al espacio que encontró en las canchas de baloncesto.

"Puedo decir esto con muy pocas palabras", acotó Rodman. "Podría estar muerto o en la cárcel.

"Cuando vives en ese ambiente, cuando tienes tan pocos motivos para vivir o ganar, cuando vives muchos momentos sin tener nada que comer, cuando vas caminando por una sala y antes de llegar a la puerta principal hay personas metiendo cocaína, vendiéndola, haciendo esto o lo otro, uno debe tomar una decisión allí mismo.

"Por alguna razón desconocida, nunca quise hacer parte de eso. Lo único que hice fue mirar y salir corriendo por la puerta hacia el gimnasio todos los días. Comencé a jugar baloncesto y ese fue lo que evitó que me desviara para otra dirección".

Él siempre fue una pieza vital en los dos títulos consecutivos en Detroit y, a decir verdad, fue tan clave como Michael Jordan y Scottie Pippen en la segunda etapa en la que Chicago obtuvo tres títulos en línea."

"Le decía Dios a Michael. Le decía Jesús a Scottie Pippen. Y yo era el Infierno. Yo era el Diablo", afirmó Rodman. "Y trabajamos juntos con todo el equipo. Todos eran muy especiales porque sabían cuales eran sus funciones. No había discusiones. Si perdíamos, nos poníamos bravos con nosotros mismos, no con el otro compañero. Al próximo partido salíamos a vapulear a quien fuera. Fue muy especial porque éramos tan buena gente con los demás. Sabíamos que podíamos ganar siempre. Lo sabíamos".

En ese entonces los jugadores de los Bulls se reían de algunas de sus travesuras, movían sus cabezas y no dejaban que esas cosas les molestaran. Porque sabían que detrás de los cambios de peinado y el maquillaje estaba un futuro jugador del Salón de la Fama.

"Para ser honesto contigo, estoy sorprendido de estar con vida todavía," afirmó Rodman. "Me gusta pasar buenos momentos. Salir con chicas, hacer varias cosas. Me encantan Ios lugarers de fiesta en la noche. Me encantan los hoteles. Me gusta ir por todo el país pasando ratos agradables.

"Qué diablos. Con todas las cosas que me han pasado, acá sigo. Yo digo que eso es un gran logro".