El intento de Williams por ganar el primer partido de la serie era evidente

Faltaban poco menos de dos minutos para finalizar el partido más grande del temporada de los Hornets y el que se terminaría convirtiendo en el más grandioso en varias temporadas, en plural, mientras que Chris Paul se elevaba para hacer un disparo a unos 17 pies de distancia del aro. Lo hizo por encima de Derek Fisher. Cuando la bola cayó en la red, New Orleans tenía una ventaja de ocho puntos en el Staples Center y los jugadores del banquillo saltaron de sus sillas como enviados por una catapulta para celebrar.

Luego de su sorprendente victoria del domingo los jugadores de New Orleans y su entrenador Monty Williams estaban felices pero no celebraron efusivamente. .
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Monty Williams ni siquiera parpadeó.

Se mantuvo quieto y calmado. Es la misma conducta que tiene cuando está de pie, con sus brazos hacia abajo y con las manos agarrando sus caderas o dentro de sus bolsillos mientras que los momentos más decisivos de un partido de los playoffs se están disputando.

"Estábamos tranquilos y serenos", afirmó Emeka Okafor, pívot de New Orleans. "Uno debe mantener controladas las emociones".

"Uno debe mantenerse equilibrado y no entrar en pánico", dijo Okafor. "Cuando los Lakers se colocaron a dos puntos de distancia en el último cuarto y el balón lo manejaba Kobe, que estaba encendido, no podíamos entrar en pánico. Teníamos que seguir tranquilos".

Con todo lo que sucedió el domingo -- los actuales bicampeones recuperando una desventaja de 12 puntos en el segundo cuarto y colocándose a solamente dos en el inicio del último, para luego ponerse a solamente uno de distancia y con Kobe Bryant habiendo anotando 18 puntos en la segunda mitad, además de ser el equipo candidato a perder y enfrentando a un equipo con el que tenían marca de 2-7 fuera de casa en las últimas campañas, los Hornets no entraron en pánico. Mantuvieron la calma.

Jugaron con agresividad y sabiendo del gran favoritismo que han tenido y manejado sus rivales durante toda la temporada, no como el conjunto que había sido barrido 4-0 por los Lakers, y en parte por eso New Orleans se llevó la victoria 109-100 en el primer partido de la serie, también debido a su actitud y poder de ejecución. Pero, en realidad, fue gracias a su entrenador.

Williams ha sido una fuerza en la que se ha podido apoyar el equipo en una temporada 2010-11 llena de turbulencias y eso se notó más que nunca el domingo pasado. Muchas cosas estaban saliendo mal, desde desperdiciar oportunidades en la línea de tiros libres en un cerrado partido contra unos Lakers que ejercían presión al final del encuentro ante Okafor, quien apenas pudo jugar 22 minutos debido a problemas de faltas, pero el equipo nunca perdió la compostura. La nómina ni siquiera parpadeó.

"Aunque es un entrenador novato, la gente se olvida que él ya ganó un campeonato con San Antonio sentado en el banquillo junto a Gregg Popovich, uno de los mejores entrenadores de la historia", afirmó Jarrett Jack, el guardia armador suplente quien contribuyó con 15 puntos, acertó cinco de sus seis disparos y dio seis asistencias. "Él ha estado alejado de todo. Esta situación no es nada extraña para él. El entrenador siempre ha estado sereno. Nunca entra en pánico. Cuando lo miramos y vemos que no está intranquilo, creo que eso nos ayuda a calmarnos".

Y él no es simplemente un entrenador novato. Es un técnico de primer año que trabaja para un gerente general novato, aunque probablemente a nadie le interese en este momento, con un dueño de equipo novato luego de que la liga comprara el equipo en un acuerdo único. Un entrenador novato que fue recibido desde el primer día del campo de entrenamiento con preguntas acerca del futuro de Paul, el estelar guardia armador, en New Orleans, que luego tuvo que lidiar con el incierto futuro de la franquicia en New Orleans y que luego tuvo que superar la pérdida por el resto de la temporada de David West, quien se lesionó la rodilla.

Pero el domingo en la mañana, los Lakers y su supuesta ventaja de tamaño no so vio tan imponente. Durante la temporada han superado un montón de problemas. ¿Pero será que el regreso de Andrew Bynum se dio justo a tiempo para asustar a los Hornets?

"Lo que les he dicho las últimas tres o cuatro semanas es que tratemos de hacer lo mismo que hicimos a lo largo de la temporada", dijo Williams. "Creo que esto hace de los playoffs algo más divertido. Hemos tenido mucha presión los últimos 25 encuentros y les he dicho a mis muchachos que ya estamos acostumbrados a lo que viene. Estamos acostumbrados a ser el equipo que debe perder. Estamos acostumbrados a que nos descarten. Hablamos hace casi cinco meses (acerca) de jugar y vivir de manera incómoda y esta es una posición muy incómoda. Estamos acostumbrados a esto. Entonces he compartido ese sentimiento con todos los jugadores".

Destinados a superar lo que les suceda, el pívot Okafor jugó apenas 22 minutos por problemas de faltas personales...y aún así los Hornets superaron 52-34 a los Lakers en la zona pintada, en parte porque fue una de las docenas de áreas que utilizó Paul de manera brillante para sumar 33 puntos y 14 asistencias y también porque los hombres grandes de New Orleans no se inmutaron por lo que decían las predicciones. Aaron Gray jugó mucho mejor que Pau Gasol.

Alguien está pasando un momento incómodo antes del inicio del segundo partido miércoles, no hay duda. Pero no son los Hornets.

"Muchos de estos jugadores han vivido esta situación anteriormente", afirmó Trevor Ariza, el delantero pequeño de New Orleans que ganó un anillo de campeón con los Lakers en el 2009. "Cuando ven a su entrenador tan calmado, eso hace que los demás también bajen sus revoluciones".

Luego de su sorprendente victoria del domingo los jugadores estaban felices pero no celebraron efusivamente. Los Hornets estaban muy serenos, pues entienden que fue un buen momento pero no un logro real en un esquema que espera ganar la serie. Estaban enfocados y tranquilos.

Ellos actuaron como Monty Williams.