La actuación de un enfermo Jordan en el 1997 elevó su reputación

Mary Mallon, coonocida como “Tifoidea Mary”, tiene consigo la infamia de ser reconocida como el prototipo de una enfermedad, luego de que se reportaran 53 casos de fiebre tifoidea, incluyendo tres muertes, que aparentemente tenían relación directa con su papel como cocinera dentro y alrededor del área de New York por varios años desde el año 1900.

Pero también está Michael Jordan, la súper estrella de los Chicago Bulls, jugando de manera valerosa con fuertes síntomas de gripa y dolores estomacales y de cabeza en el Juego 5 de las finales de la NBA disputado el 11 de junio de ese año – y para el final de aquella noche dejó a la mayoría de los 19.911 aficionados en el estadio Delta Center de Utah con sus estómagos adoloridos.

¿Pero será que Jordan se quedó con el apodo de “Nauseabundo Mikey” o “Enfermo MJ?”. No, él confirmó, o quizás logró su título como ‘E.M.D.H.’ El Mejor de la Historia.

Hace 15 años yo estaba en el estadio para el que ahora se conoce como el “El Juego de la Gripa”. Aunque sería más apropiado referirse a ese partido como ‘El Juego Enfermo’, ya que son varias las opiniones acerca de la enfermedad que sufrió Jordan. Su compañero de equipo Ron Harper atribuyó su dolencia a una dura intoxicación por haberse comido una pizza en mal estado. Otros culparon a un servicio a la habitación que se pidió en el hotel donde se hospedaron los Bulls. El entrenador Phil Jackson cree que, cualquiera que fuera la enfermedad que lo estaba aquejando, los dolores de cabeza se empeoraron por la ubicación del hotel Park City, que está ubicado a unos metros extra de altitud. Jordan, en algún momento, se llegó a preguntar si alguien intencionalmente le había puesto algo en la comida en un intento desesperado para hacer lo que no pudieron Karl Malone, John Stockton y el resto de los Utah Jazz.

Luego se presentó el Instituto de Apoyo de la Salud Pública, el cual se irritó mucho el mes pasado por un comercial de Gatorade que se realizó tras lo sucedido en aquel juego. “Abiertamente promueve el hecho de realizar actividad física de manera vigorosa mientras se sufre de una fiebre muy alta, en el caso de Jordan, de casi 40 grados”, fue la queja del Instituto ante la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos. Entonces “El Juego Enfermo” parece un mejor término, si es que queremos ponerle alguno a este encuentro.

Porque la actuación de Jordan fue, en realidad, muy enferma.

Lo que más recuerdo yo desde el punto que me encontraba en los lugares designados para la prensa dentro del Drelt Center era que Jordan parecía sin fuerzas, débil y hasta nervioso. Su apariencia era un poco confusa en general, e incluso desde la distancia en la que me encontraba se veía una expresión vacía en su rostro.

Solamente en las tomas cerradas, más que nada en las repeticiones de algunas jugadas, pude ver lo vidriosos que estaban sus ojos y lo mucho que sudaba. Piensen en Patrick Ewing, en un baño turco y tras una carrera de cinco kilómetros – así de mal se veía Jordan.

Jordan se había levantado a mitad de la noche previa al juego empapado, tembloroso y adolorido. El equipo medico de los Bulls pensaba que él no iba a jugar el último de los partidos como local de de Utah en las finales, especialmente porque no hizo parte del calentamiento anterior al choque. Cuando finalmente Jordan llegó al estadio, él se metió a un cuarto oscuro y se recostó allí con los ojos cerrados, imaginándose el calvario que vendría después.

Miren, varias palabras grandiosas – “coraje”, “heroico”, “milagroso” – se pronunciaron en ese momento y se han relacionado con lo sucedido esa noche durante la última década y media. Algunas cosas pueden sonar exageradas. Pero no hay dudas de lo mal que estaba Jordan, pues además que no se pudo dar el lujo de quedarse en la cama, tenía toda la presión encima de sus hombros para producir de la mejor manera con la final igualada 2-2, luego de que los Jazz ganaran los Juegos 3 y 4.

“Es quizás lo más difícil que he hecho en mi vida”, afirmó Jordan después del partido. “Salí a la cancha y casi me desmayo en pleno partido solamente por ganar un partido de baloncesto. Si hubiéramos perdido, habría sido algo devastador”.

Pero eso nunca ocurrió. Jordan se vio torpe en los primeros minutos, jugando en aguas peligrosas mientras los Bulls perdían 29-16 tras el primer cuarto. Pero levantó su nivel en el segundo período, anotando 17 puntos. Luego se volvió a meter en el cuarto oscuro del vestuario en el descanso del medio tiempo, cubierto por toallas mojadas, rehidratándose y descansando.

Volvió a tener problemas en el tercer cuarto, hasta que lo malo que fuera que tuviera Jordan en sus venas fue superado por su adrenalina y su insuperable nivel de competitividad. Desató una racha 10 puntos para los Bulls, lo cual los sacó del hoyo y dejó el marcador 77-69, después de marcar 33 de los primeros 79 puntos de Chicago.

“En cada balón muerto se notaba lo mal que estaba, lo agotado que se veía” dijo John Paxson, un ex compañero de Jordan que trabaja en su primer año como analista de un canal de televisión de los Bulls y quien eventualmente se convirtió en el director ejecutivo de operaciones de baloncesto del club. “Luego cuando volvía a empezar el partido, él sacaba fuerzas de alguna parte”.

El partido estaba 84-83 a favor de Utah cuando Jordan recibió una falta con 46,5 segundos para terminar el choque. Convirtió el primer tiro libre para igualar el juego, falló el segundo pero logró quedarse con el rebote. Con un nuevo reloj de posesión, Jordan puso a rodar la ofensiva de los Bulls, dándole el balón a Scottie Pippen en el poste bajo. Bryon Russell, el hombre que defendía a Jordan, instintivamente corrió para ayudar a su compañero Jeff Hornacek ante un alto y peligroso Pippen, el mejor compinche en la NBA, quien volvió a pasar el balón a manos de Jordan.

Stockton rotó de nuevo aunque un poco tarde, algo que aprovechó Jordan para meter un triple y dejar el marcador 88-85. Los dos equipos intercambiaron cestas en los 25 segundos finales pero cuando el tiro en el último segundo de Hornacek pegó en el aro y salió, Jordan cayó en lo brazos de sus compañeros y fue ayudado a salir de la cancha por Pippen.

Al final, Jordan finalizó con 38 puntos y acertó 13 de sus 27 lanzamientos (incluyendo 2 de sus 5 intentos de tres puntos), sumando a lo anterior siete rebotes, cinco asistencias y tres robos.

“Michael estaba físicamente desgastado”, le dijo Jackson a ESPNLA.com en una entrevista para el comercial de Gatorade. “Creo que emocionalmente él estaba muy bien. Pero muy fatigado luego de ese partido. Todos terminaron y fueron a felicitarlo y le dieron una palmada en su espalda, pero no fue nada lleno de júbilo. No fue ese tipo de celebración”.

Los Bulls ganaron el quinto de sus seis campeonatos dos días más tarde en Chicago. El siguiente junio en las finales de 1998, el tiro de Jordan al final del Juego 6 en la cancha de los Jazz le dio otro título y se convirtió en su icónico triunfo final como jugador de los Bulls. Pero para Jackson y para muchos otros, fue “El Juego Enfermo” el que lo elevó por encima de los demás.

Y como no tenemos actos como “Con una mano atada detrás de su espalda”, o “Saltar en medio de un anillo de fuego y sobre un tanque lleno de tiburones” o, especialmente, "MJ se vio forzado a jugar con el equipo de los Charlotte Bobcats en la temporada 2011-12” para mejorar las apuestas, cosas como estas tendrán que pasar.

“No quería darme por rendido”, afirmó Jordan. “Sin importar lo enfermo o cansado que estaba o la poca energía que tenía, sentía la obligación de dar un esfuerzo extra por mis compañeros y por la ciudad de Chicago”.

Él les dio una maravillosa lección de baloncesto a los que le hacían fuerza de su lado y una sensación de dolor y enfermedad que se sigue sintiendo en muchos seguidores de los Jazz 15 añps más tarde de aquel encuentro.