Fe recompensada

Nos dijeron que iba a llegar.

Que aguantáramos, les dijeron a todos los Dallas Mavericks. Los lanzamientos entrarán. No habían entrado. Pero lo harán.

Y luego de cuatro partidos llenos de ladrillazos, rebotes, carambolas y con los defensas de los Heat jugando como guardias de una prisión, era duro ver de dónde venían estos Mavs. Dallas no había tenido problemas con sus lanzamientos a larga distancia durante estos playoffs, pero en los últimos cuatro encuentros estaban acertando el 34,2 por ciento de sus triples.

“Hemos tenido algo de mala suerte”, afirmó JJ Barea a comienzos de esta semana. “esperemos que eso cambie”.

Y así pasó. Encestaron el 56,6 por ciento de sus tiros de campo y el 68.4 por ciento de sus triples (13 de 19) – y apenas uno de esos disparos lo hizo Dirk Nowitzki – la cual probó que era cierto lo que decía ese grupo de lanzadores, pues, al parecer, lo que necesitaban era algo de fe y seguir lanzando como lo estaba haciendo antes de llegar a las finales.

Esta vez, Nowitzki no fue quien tuvo que echarse al equipo al hombro para realizar otro regreso magnífico. En la racha 17-4 con la que Dallas cerró el quinto partidos de las finales, Nowitzki anotó apenas cuatros. Los otros 13 vinieron por parte de Jason Kidd y Jason Terry – los veteranos guardias quienes, junto con Barea, prometieron que encontrarían alguna manera para meter sus disparos y quitarle algo de presión a Dirk. El jueves en la noche, los tres hicieron justamente eso.

Y los Mavs salieron de la cancha con apenas una victoria entre ellos y el primer campeonato de la NBA para su equipo, lo cual dejó una cosa muy evidente: ahora mismo, luego de todas las promesas de ambos lados, los Dallas Mavericks tiene algo que no poseen los Miami Heat. Mientras que los Mavericks están comenzando a encontrar soluciones, en todos los rincones de su nómina, los Heat están encontrando huecos.

“Cuando uno llega a esta liga, uno siente que siempre podrá ganar un campeonato”, dijo tras el partido Kidd, un jugador de 38 años de edad. “Uno verdaderamente no entiende cuando es joven el nivel de competencia tan duro y el que debes jugar individual y colectivamente para conseguirlo”.

En una noche en la LeBron James, de los Heat. Logró un triple-doble, en la que Nowitzki anotó 29 puntos y en la que Dwyane Wade regresó de una lesión para marcar 23 unidades, el espectáculo se lo robaron dos veteranos guardias, Kidd y Jason Terry, y a una cara nueva, Barea.

Dos días después de irse sin puntos en el cuarto partido, Kidd encontró sus piernas renovadas y marcó 13 puntos, incluyendo tres triples.

Había estado inusualmente despistados en los primeros cuatro encuentros, con 16 pérdidas de balón, mientras que acertaba el 30,8 por ciento de sus tiros de campo. Pero no se preocupen, dijo Kidd. Él encontrará una manera para destacarse.

Y el jueves en la noche, allí apareció Kidd, anotando cinco de los primeros 13 puntos de los Mavs. Y luego encestando un triple clave a falta de 1 minuto y 26 segundos en el partido para finalizar una racha de 8-0 que vio como Dallas pasó de estar abajo por tres pontos a estar arriba por cinco. Y allí estuvo, finalmente, solitario en la línea de tiros libres a falta de 25 segundos para terminar el choque, acertando los dos tiros libres luego de que los Heat comenzaran a hacer faltas cuando los Mavs estaba al frente por siete puntos.

“Mi trabajo no es anotar”, afirmó Kidd. “Mi trabajo es colocar a mis compañeros en una posición en la que puedan tener éxito. Pero algunas veces mis compañeros buscan que lance el balón y anote para ayudarlos. Esta noche fue un partido como esos en los que tuve buenas opciones para lanzar y pude acertar mis tiros”.

Barea, el héroe de la serie ante Oklahoma City y de la gente que para de crecer a los 13 años de edad, había llegado al partido acertando el 25 por ciento de sus disparos en estas series. Salió de la cancha tras anotar 17 puntos, incluyendo 4 de sus 5 triples.

El escurridizo guardia armador ha estado creando buenas cosas en la ofensiva, atacando el aro y asistiendo a sus compañeros. Simplemente que ahora no había estado finalizando sus jugadas. Pero el jueves, los disparos seguían saliendo – y por primera vez en estas series – y entrando.

Encontró su rimo en estas series en el tercer período del jueves. Metió un triple apenas comenzando ese cuarto. El segundo fue minutos más tarde. Y cuando la defensa se abrió en otra de sus penetraciones al aro, él metió una bandeja con un tiro muy elevado que pegó en el tablero – un lanzamiento que le había estado funcionando al inicio de los playoffs.

“Si meto dos tiros seguidos, me siento encendido”, dijo Barea.

Pero fue Terry (21 puntos saliendo desde el banquillo) quien se hizo notar en grande.

En los primero tres juegos de la serie, su apodo ‘Señor Cuarto Final’ se convirtió en una parodia. Marcado por LeBron James, uno de los mejores defensores de la liga, Terry había estado marchito. Se había conformado con disparo fuera de balance y tiros flotados en la carrera, no propiamente los tiros que caracterizan a Jason Terry.

En los partidos 1 y 3, él no marcó un punto en el tramo final.

Antes del cuarto juego, él hizo una nueva promesa: Que será más agresivo. Y fue más allá, pues dijo que no creía que James pudiera detenerlo en siete choques consecutivos.

En los dos últimos partidos, él volvió a ser el de antes. En el cuarto choque anotó ocho puntos en el cuarto final, mientras los Mavs superaba un déficit de nueve puntos para ganar el encuentro. El jueves marcó ocho más – todos ellos luego de que los Heat tomaran la ventaja a falta de cinco minutos para terminar el encuentro.

“Desde que soy un Maverick, soy un jugador del que han dependido mis compañeros para hacer jugadas o lanzamientos”, dijo Terry. “Entonces disfruto mucho ese role. Sinn importar lo que suceda en los tres primeros períodos del partido, yo sé que tengo que hacer mi trabajo en el último. Gracias a Dios pude hacer eso esta noche”.

Con los Mavs abajo por tres puntos y a falta de 3 minutos y 23 segundos por jugar, Terry igualó el partido 100-100.

Pero fue lo que sucedió tres minutos más tarde es lo que sume perfectamente lo sucedido el jueves en la noche– y, si ganan los Mavs, lo que pasó en la serie final.

Chris Bosh acababa de fallar un tiro libre, lo cual mantenía a los Heat abajo por cuatro puntos. Terry tenía el balón en el costado derecho de la línea de tres puntos y trataba de forzar un pase hacia el interior hacia Nowitzki, quien no podía liberarse de la marca de Udonis Haslem, de los Heat. James estaba marcando de cerca a Terry, ayudando a negar el pase.

Entonces, con un par de segundo restando en el reloj de posesión, el ‘Señor Cuarto Final decidió lanzar.

De todas las escenas que confirman que los Mavs creen que las cosas irían bien en esa noche del jueves, ninguna encaja mejor que esta. Allí estaba Jason Terry, con LeBron James enfrente de él, levantándose y anotando un triple en la cara James para poner a los Mavs en ventaja por siete puntos.

“Me sentía como cuando estaba en los parques jugando allá en mi casa en Seattle – emulando a mis ídolos en una situación como estas en las finales”, dijo Terry. “El partido en plena definición. Me levante. La encesté”.

Comparen esto con lo que había sucedido apenas 20 segundos antes. Con los Mavs de nuevo en ventaja, 102-100, James había tomado un triple. Cuando faltaban ocho segundos en reloj de posesión, LeBron intentó un triple sin marca alguna en la parte alta de la llave para poner fin a la racha de los Mavericks. Hierro.

“No lo pensé”, dijo James. “D-Wade me pasó el balón, tenía suficiente espacio y lancé. Eran disparos que había metido anteriormente. Pero esta vez no fue así”.

Dos personas, dos situaciones idénticas y dos resultados totalmente opuestos. La diferencia quizás no indique nada distinto a lo que sucedió esa noche, realmente – James, a este paso, tendrá su espacio reservado en el salón de la Fama, mientras que Terry…bien, se está asegurando que esto pase.

Pero esta noche, lo que hemos implicado está claro. Jason Terry y los Dallas Mavericks son los que se han adueñado de este momento.

“Ante unos grandes competidores, uno debe mejorar”, señaló Erik Spoelstra, entrenador de los Heat. “Y aunque nos ha ido bastante bien hasta ahora en estos playoffs, tenemos que finalizar lo que hemos hecho”.

Y ahora justo porque los Mavericks han hecho justo eso mismo, ellos le han dado a sus seguidores– los mismo que sufrieron el colapso frente a los Heat en el 2006 y las cuatro campañas en los playoffs siguientes a esa– la única cosa de la que han hablado Kidd, Terry y Barea en estas series.

Fe.