Se viene el verdadero ‘Manu’ Ginóbili


Dicen que la grandeza de las estrellas se define en los malos momentos. Si es así, Emanuel Ginóbili está demostrando la suya en su primera temporada en la mejor liga del mundo.

Recién ahora, casi por primera vez desde que aprendió a picar la pelota entre las sillas del comedor de su casa en Bahía Blanca, las cosas no le están saliendo tan bien como esperaba. Sin embargo, él hace todo lo necesario con tal de ganarse la confianza del entrenador y sus compañeros, sobre todo aquello que pocas figuras están dispuestas a realizar.


Emanuel Ginóbili, estrella y orgullo argentin en la NBA.
NBAE/Getty Images
El argentino es un ganador, no le interesa el lucimiento personal, sólo pretende que el equipo gane y que le reconozcan que pertenece a este mágico mundo, que no está de paso...

En San Antonio se dieron cuenta. Los hinchas ya lo aman y es uno de sus preferidos. ¡Y eso que todavía no gozaron del verdadero Manu! Apenas vieron flashes de que lo que este muchacho puede hacer: alguna penetración finalizada con una bandeja de reversa, una volcada feroz o una deliciosa asistencia a un compañero abierto; algún costa a costa terminado con una acrobática definición; o algún robo tras anticiparse a un pase con elegancia. Pero si hasta ahora les gustó, esperen un poco más... Manu empezó a despegar en enero, pero sin saber ni siquiera él adonde llegará...

Una piedra en el camino
Desde que surgió en Andino de La Rioja en 1995, Ginóbili tuvo una carrera meteórica, casi sin obstáculos. De la Argentina, luego de ganar los premios al mejor debutante y a la revelación, se fue en 1998 como un muy buen proyecto y hoy, menos de cinco años después, está en el Juego de las Estrellas --un aplauso para la NBA, que se dio cuenta de que un jugador espectacular como él no podía faltar--, algo que hace diez años nadie podía imaginar en el ambiente del básquet nacional.

Antes deslumbró a Europa y se convirtió en uno de los mejores jugadores del continente. Con ese cartel llegó a Estados Unidos para cumplir su sueño. Hoy, a mitad de temporada, está claro que la adaptación demora más de lo esperado, pero también que hay atenuantes muy valederos.

Por ejemplo, el esguince de tobillo derecho que sufrió en el Mundial y aún hoy lo persigue por haber sido mal curado. Fue la primera gran lesión de su vida y el bahiense, se sabe, necesita estar sano para sobresalir --se apoya mucho en la capacidad atlética-- y al jugar lejos de la plenitud, no pudo rendir como puede. Por eso en diciembre tomó la iniciativa y decidió descansar (se perdió 14 partidos en total) con el objetivo de recuperarse en forma definitiva. Un acierto. En los últimos partidos, ya mucho mejor del tobillo, resultó clave en las victorias de San Antonio y sus minutos subieron bastante.


" Ginóbili, al contrario de lo esperado, se destaca en defensa por su rapidez, inteligencia y dedicación, pero todavía no encontró el lugar en la ofensiva y muchas veces se lo ve incómodo. Ocurre que en Italia era la figura de Kinder y estaba acostumbrado a jugar con la pelota en sus manos (“La extraño”, reconoció) y a tomar muchas decisiones".
-- Julián Mozo --


Casi olvidado el primer atenuante, también es necesario explicar el segundo, que tiene responsabilidades compartidas. Al contrario de lo pensado, el esquema de juego de los Spurs no lo beneficia. “Seguramente Tim Duncan y David Robinson atraerán la atención y yo podré penetrar y meterla desde afuera”, soñaba Manu antes de la temporada. Sin embargo, se encontró con un sistema ofensivo predecible y aburrido que no maximiza su talento. ¿Por qué? Está hecho para el desequilibrio de Duncan, la estrella, un ala pivote que recibe el 90% de las pelotas y si no obtiene ventajas para anotar, combina con Robinson o la saca afuera.

Los tres perimetrales esperan detrás de la línea de tres puntos y si tienen la suerte de recibirla, le quedan pocos segundos. Es ideal para los tiradores como Steve Kerr y Steve Smith, veteranos que difícilmente podrían ser tan productivos en otros equipos. Y a Manu, un penetrador por excelencia al cual le cuesta meterla de los 7m24 (en Europa, con 6m25, era más sencillo, hoy tiene 30%), se le complica. Porque cuando quiere penetrar no encuentra espacios ya que adentro están las torres. “Debe elegir el momento adecuado, no puede hacerlo siempre”, le aconsejó el francés Tony Parker, quien se tuvo que acostumbrar a lo mismo en su primera campaña.

Ginóbili, al contrario de lo esperado, se destaca en defensa por su rapidez, inteligencia y dedicación, pero todavía no encontró el lugar en la ofensiva y muchas veces se lo ve incómodo. Ocurre que en Italia era la figura de Kinder y estaba acostumbrado a jugar con la pelota en sus manos (“La extraño”, reconoció) y a tomar muchas decisiones. Acá la bola la toca poco. Sin embargo, lejos de perder la paciencia o realizar las exigencias típicas de estrellas histéricas, hizo un análisis inteligente.

Determinó que un técnico inflexible como Gregg Popovich no iba a tocar un esquema que le dio éxitos desde 1998, que él debía adaptarse de a poco y ganarse la confianza de todos a pasos pequeños, sin hacer locuras ni salirse del esquema. Así fue que, para la segunda parte de la temporada, se puso un objetivo: ser un obrero, ayudar al equipo en las pequeñas cosas.

“En este conjunto difícilmente pueda anotar puntos, por eso me mato en defensa, me tiro de cabeza para recuperar pelotas, trato de penetrar y luego dar el pase extra. Todo para ayudar a ganar al equipo. Quiero ser un jugador confiable, no tan impredecible para mis compañeros. El aro llegará algún día”, dice con la madurez de un veterano y sin importarle perder lucimiento personal. Manu es muy competitivo y seguramente le molesta que el croata Gordan Giricek o el yugoslavo Marko Jaric, dos jugadores inferiores a él en Europa, tengan mejores números. Pero él sabe que ellos juegan en equipos perdedores, que tienen menos responsabilidades, más minutos y tiros.

Ginóbili tomó el desafío de sumarse a un equipo con aspiraciones de campeonato y está determinado a triunfar. ¿Alguien duda de que no logrará?
Yo no.

Julián Mozo es especialista en la NBA, redactor del Diario Deportivo Olé de Buenos Aires (Argentina) desde 1997. Antes lo hizo en la revista Sólo Básquet.