Argentina llega a Atenas con el Sueño de Ganar una Medalla Olímpica


* Por Miguel Romano
La generación más brillante del básquetbol argentino, integrada por un ex campeón de la NBA (Manu Ginóbili, con San Antonio), dos próximos debutantes (Andrés Nocióni, en Chicago Bulls, y Carlos Delfino, en Detroit), más dos ex (Rubén Wolkowyski, Seattle y Boston) y Pepe Sánchez (Philadelphia, Atlanta y Detroit), ingresó en Atenas con un solo objetivo soñado, el de conseguir la primera medalla olímpica para el básquetbol de su país.

Ginóbili
Emanuel Ginóbili, maxima estrella del baloncesto argentino.
Fotos de Argentina en Grecia
NBAE/Getty Images
La sensación en el ambiente local es que el seleccionado que dirige Rubén Magnano se encuentra ante una oportunidad inmejorable para acceder al podio, pero también se reconoce que el Grupo A es el más duro y competitivo porque además de incluir al campeón mundial Serbia y Montenegro (ex Yugoslavia), cuenta con la participación de dos equipos muy fuertes como España e Italia y otros dos muy peligrosos como China y Nueva Zelanda.

La ilusión de lograr una medalla ("no importa el color que sea", dicen los jugadores) se apoya en el talento, la experiencia, al actitud fervorosa y la química de un plantel que convirtió al seleccionado argentino en un grupo de grandes amigos, donde no existen egoísmos ni rivalidades. Once de los doce jugadores desarrollan sus carreras en las ligas más prestigiosas del planeta (NBA, España e Italia) y pese a la enorme juventud (Hugo Sconochini es el más veterano, con 33 años) la selección argentina logró un magnífico roce internacional que les dará temple y carácter para sobrellevar los momentos más difíciles.

Además, la inclusión de Carlos Delfino (ex Skipper Bologna de Italia) y Walter Herrmann (Málaga, de España) por los históricos Lucas Victoriano y Leandro Palladino, permitió que el equipo se revitalizara y consiguiera mayor explosividad y potencia física. Inclusive, es muy importante que el cuerpo técnico siga siendo el mismo que hace casi cuatro años ganó el Premundial de Neuquén y alcanzó el subcampeonato Mundial en Indianápolis, tras caer en una final muy polémica con Yugoslavia, en tiempo suplementario.

Es cierto que la preparación no fue la ideal, por el corto tiempo de trabajo (desde el 12 de julio) y los inconvenientes por ausencias de algunos jugadores (el casamiento de Ginóbili, una descompostura intestinal de Fabricio Oberto, el viaje de Nocióni a Chicago y las tendinitis de rodilla de Alejandro Montecchia y Sconochini), pero los amistosos fueron muy fuerte y sirvieron para ir progresando lentamente. La Argentina no ganó el Super 4 de Córdoba en su país (cayó ante Venezuela y Brasil y venció a España B, con el que perdió dos días después en Mar del Plata) y ocupó el tercer lugar en el Diamond Ball de Belgrado (superó a Angola y China y cayó ante Lituania) y llegó a la final del cuadrangular de Madrid (derrotó a Lituania y cayó ante España).

Pese a ese récord equilibrado, que no dejó conforme a los simpatizantes del básquetbol local, los protagonistas siempre manifestaron su satisfacción y tranquilidad, confiando en la mejoría a la hora de debutar ante Serbia y Montenegro. "Nos falta mejorar la concentración defensiva. Cuando lo logremos vamos a recuperar balones y poder atacar con rapidez", dijo Alejandro Montecchia. Durante todos estos amistosos, el equipo argentino sufrió frente a las defensa en zona, especialmente porque no tuvo buenos porcentajes de triples. "No estamos finos todavía, especialmente yo, que empecé una semana después la preparación y todavía me no alcancé mi mejor estado físico. Pero que los triples no entren ahora no es una preocupación. Es fruto del cansancio y de la falta de acople entre nosotros", señaló Emanuel Ginóbili. En tanto, el pivote Fabricio Oberto contó que "falta sincronizar cuestiones defensivas y convencernos de que sin sacrificio no vamos a conseguir mucho".

 Montecchia
Alejandro Montecchia.
NBAE/Getty Images
Los argentinos saben cómo jugar. Hace mucho tiempo que están juntos y con el mismo sistema táctico. Se conocen y tienen confianza. Sin embargo, por ahora no mostraron lo mejor. Ellos dicen que el apetito lo tienen y que el mejor nivel lo van a obtener en Atenas.

Además, son conscientes de que el torneo olímpico será durísimo y muy parejo. "No podemos tener una sola distracción", dijo Montecchia. "Queremos una medalla, pero una mala noche nos puede dejar afuera. Creo que hay siete equipos con posibilidades de ganar una medalla", agregó Ginóbili. "La fortuna puede inclinar la balanza en un torneo tan parejo", dijo Oberto.

Aquí, en Argentina, la esperanza es grande, más por lo que hicieron, por la mística que tienen, por la mentalidad y el apetito, que por lo que mostraron durante la preparación y los amistosos.

Sin dudas, estos juegos olímpicos de básquetbol serán más competitivos y parejos que el último mundial y cada partido no sólo será importante para quienes los jueguen si no también para los demás, porque puede haber empates en dos o tres posiciones tranquilamente y cada uno intentará conseguir el mejor cruce con los del otro grupo para los cuartos de final. Ese será el día "D", porque el que gane, ingresará en las semifinales y tendrá dos posibilidades de conseguir una medalla; el que pierda, se resignará a luchar del 5to. al 12mo lugar. En ese contexto de supercompetitividad, apasionante y seguramente cargado de mucha adrenalina e intriga, el seleccionado argentino intentará escribir la historia más dulce y brillante del básquetbol de su país.

*Miguel Romano trabaja en el Diario La Nación hace 24 años y ha sido especialista en básquetbol durante los últimos 20. También es comentarista de la cadena TyC Sports y ex director de la revista Solo Básquet. A lo largo de su carrera ha cubierto tres Finales de la NBA en vivo – incluido el título logrado por Manu Ginóbili en el 2003 – varios partidos de temporada regular de la NBA, cinco Campeonatos Mundiales (1986, 90, 94, 98 y 2002), cinco Torneos Preolímpicos, cinco Torneos Premundiales y siete Torneos Sudamericanos de selecciones.