Bienvenidos a la sección de Blog Squad en Español, una colección de artículos de opinión, de periodistas, artistas y especialistas en básquetbol alrededor del mundo, quienes han querido compartir sus pensamientos acerca de la NBA. Aquí podrás consultar las columnas de opinión de cada uno de nuestros invitados especiales.

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Julián Mozo
Especialista de la NBA Diario Deportivo Olé
Julián Mozo es redactor de la NBA para el diario deportivo Olé, una de las publicaciones más importantes de deportes en Argentina, país donde también reside. Antes trabajó en la revista Sólo Básquet. Cubrió cuatro finales de la NBA. Contribuye regularmente como columnista de NBA.com/español.

El ejemplo argentino

Alguna vez, cuando estaba en el Tau Cerámica, Andrés Nocioni resumió cómo nos veían en Europa. “Nos consideran la nueva Yugoslavia”, aseguró para dar una idea de lo bien vista que estaba la Argentina en el concierto mundial. La histórica medalla de oro en los Juegos no hizo más que ratificar semejante elogio y dar una contundente sentencia: hoy, a siete meses del Mundial, Argentina es la mejor del mundo. Más allá de gustos personales, esto no se puede discutir porque en los últimos cuatro años nadie logró más que nuestra Selección: subcampeón mundial y rey olímpico.

Y, además, no sólo fue lo que se consiguió sino cómo se lo logró, con un brillante juego de equipo que hizo que, en el 2002, todos aseguraran que el mejor había sido Argentina (y no Serbia, el campeón), una química de grupo que se trasladó de las concentraciones a la cancha para hacer posible el milagro.

Este prestigio, más allá de lo conseguido como selección, lo alcanzó individualmente, con lo realizado por los compatriotas en el exterior. No por nada los argentinos son, casi como en el fútbol, los más buscados. Desde los anónimos hasta los más famosos, la gran mayoría de los poco más de 250 que hay afuera, muestran no sólo talento sino también nuestra garra característica, un profesionalismo que ya no sorprende y, sobre todo, un respeto por una máxima del básquet: “lo primero es el equipo”.

Y los mejores embajadores, los que bajan línea (aunque sea inconscientemente), son los que están en la NBA. El primero en dar el ejemplo fue Manu. De entrada, cuando su tobillo derecho lo tenía a maltraer tanto como los árbitros (a pagar el derecho de piso de los novatos), los compañeros (no le tenían tanta fe) y el DT (lo enojaba la imprevisibilidad y creatividad de Gino), se dedicó a jugar siempre para el resto y se ganó la confianza de todos. Y en tres temporadas sucesivas se bancó sin chistar que Popovich lo mandara al banco para que otros ganaran confianza (Turkoglu, Barry y Finley) y el equipo se beneficiara.

¿Y quién piensa en él? Manu no dijo nada, lo hizo por el bien del equipo. Incluso en esta temporada, cuando ya es considerado una superestrella. En junio, el bahiense casi fue el MVP de una final, pero no se le caen los anillos por ser nuevamente sexto hombre. ¿Qué otra estrella haría lo mismo? Hace unos años, cuando le mencionaron salir del banco a Allen Iverson, hasta se hizo el ofendido. Manu fue capaz y, seguramente, lo volvería a hacer.

Algo similar hizo Andrés Nocioni. Desde que llegó se entregó al equipo. Tuvo sus berrinches con el DT (como los tuvo Manu, eh), pero en silencio. Cuando llegó, Chapu pensó que lo esperaba una adaptación más rápida. Poco habitué de la NBA, no creyó que eran tan fuertes y rápidos. Pensó que Dwyane Wade y LeBron James eran los de los Juegos Olímpicos. Creyó que podía hacer cosas similares a las de España. Pero al toque entendió que la exigencia era otra. Se adaptó, siempre con el overoll puesto, pensando en el equipo, y terminó siendo importante. En esta temporada, de entrada le dijeron que tendría que ser ala pivote, un puesto que había dejado hacía cinco años. Pero no tuvo dramas. También aceptó ser suplente, “por el bien del equipo”, cuando Skiles lo sacó del quinteto titular pese a su gran comienzo de temporada. En sólo tres partidos se acostumbró y sus números indican que anda mejor desde el banco. Además, comentado por los propios fans, es el jugador de Chicago más regular de la temporada. Y hoy, cuando le hablan de la chance de ir al torneo de triples de All Star, se ríe. “¿Yo? No, eso es para estrellas. Yo sólo soy un obrero, sólo quiero ayudar a que el equipo gane”.

Oberto es otro caso de solidaridad y profesionalismo. A los 30 años dejó Europa, donde era considerado el mejor pivote de FIBA. Lejos de privilegiar la comodidad y los elogios, el cordobés se la jugó, sabiendo que no todo sería color de rosa en el comienzo. Siempre cuando uno llega a otra liga, sin importar su calidad y personalidad, es un rookie y tiene que pagar un derecho de piso. Más aún si arriba al campeón. Y Fabri, un obrero de lujo, se armó de paciencia al ver que, atrás de Duncan, venían Horry, Nesterovic y Mohammed. Y se la bancó. Siempre con una sonrisa. “Estoy contento, cuando juego y cuando no”, asegura. Cada minuto es un aprendizaje para él. Oberto disfruta del sueño y, de paso, trabaja a la par de las figuras. Porque, además, sabe que tarde o temprano llegará su momento.

Sólo se puede criticar los roces de Carlos Delfino con Larry Brown. No porque no puedan existir sino por el hecho de que el enfrentamiento se hizo público. Carlitos es frontal y sincero, no tiene filtro en sus declaraciones. Quizá se equivocó pero aprendió y hoy es otra cosa con Flip Saunders. Cada vez juega más.

Ellos nos representan en el máximo nivel. Y mantienen bien alto el prestigio del básquet argentino. “El equipo está primero”, es su lema dentro de un ámbito donde no muchos lo respetan.

Publicado por Julian Mozo- Enero 29 del 2006 10:48 am

El desembarco de Scola y Oberto

Manu Ginóbili ya es una estrella. Lo reconocen compañeros, su técnico, los entrenadores rivales (lo votaron para el All Star), figuras de otros equipos (una de las pocas cosas que unen a Shaq y Kobe es su gusto por el bahiense) y míticas figuras como Magic y Barkley.

‘Gino’ ya está a mitad de un camino que otros argentinos como Andrés Nocioni y Carlos Delfino recién comienzan a transitar. ‘Chapu’, con más éxito por ahora, luego de un comienzo difícil y un presente que lo tiene como pieza importante de los sorprendentes Bulls por su defensa áspera, determinación y capacidad reboteadora. Carlitos, el otro santafesino, sufrió más de lo que gozó. Sus problemas en la rodilla derecha (se sometió a dos operaciones) y la siempre difícil adaptación hacen que tenga pocas chances en su primera temporada. Pero ellos no serán los únicos en pocos meses más... Es casi un hecho que la temporada próxima se sumarán dos más que tendrían que haber estado desde hace mucho tiempo: Luis Scola y Fabricio Oberto.

Luisito, a punto de cumplir 25 años, está listo para dar el salto. La magistral producción del ala pivote de 2.07m en los Juegos Olímpicos --decisivo en el oro argentino-- terminó con algunos cuestionamientos que, por lo bajo (y por email), le hacían desde San Antonio, justamente el equipo que tiene sus derechos en la NBA (lo eligió N° 56 en la 2ª ronda del draft 2002).

Por si hacía falta, el porteño está ratificando su brillante momento en Europa. Es gran figura del Tau Cerámica, uno de los equipos más fuertes del continente, actual escolta del Real Madrid en la liga española --luego de una racha de 15 triunfos al hilo-- y recientemente clasificado para el Final Four de la Euroliga, el torneo más importante del continente.

Scola progresa año a año y esta temporada dio un salto más. Los números lo ratifican. Esta campaña igualó o mejoró todas sus estadísticas. En robos (1.8) y porcentaje en libres (68%) ronda las mismas cifras que en la 03/04, pero en el resto las ha superado. En la ACB figura tercero en el ranking de más valioso (el mismo que lideró Nocioni antes de pasar a los Bulls), quinto en puntos (18.4) y séptimo en porcentaje en dobles (62%). Pero, lo más importante, es que a partir de su ambición e inteligencia se concentró en terminar con algunas dudas, como aquellas que hablan de una supuesta debilidad defensiva y carencia en la toma de rebotes. Y lo logró. Su sexto puesto en robos (1.8), noveno en rebotes (7.2 con picos de 17) y 11‡o en tapas (1.1) dan la pauta de su evolución y madurez como jugador.

Que es un NBA ya no resiste el análisis. Luis merece un lugar porque, a su fuerte mentalidad y deslumbrante capacidad natural para anotar puntos, le ha agregado un claro progreso en otros rubros y un mayor énfasis en la defensa. Gregg Popovich y RC Buford, técnico y general manager de San Antonio, ya dijeron que están convencidos de su capacidad, que lo quieren contratar este verano. Incluso hicieron una movida que favorece al porteño: canjearon a Malik Rose, su ala pivote suplente que tenía un salario demasiado elevado, por Nazr Mohammed, un pivote natural. Pero... Siempre parece haber un 'pero' en la vinculación de Luisito con la NBA.

¿Qué sucede ahora? Ya es archiconocida la alta cláusula de rescisión que el argentino tiene en el Tau (cercana a los 2.000.000 de dólares), la misma que le hizo caer tan atrás en el draft y que le imposibilitó el desembarco en el 2004. Pero, tras el caso de Nocioni, quien pagó una mayor para irse de Tau (3.200.000), está claro que todo es posible. Y más teniendo en cuenta que Scola, quien ya admitió que está dispuesto a resignar dinero (no tanto, eh), asegura en la intimidad que no quiere perder otro más. Quiere dar el salto. ¡Ya!

El problema que le quita claridad a su sueño es que los texanos siguen mirando con demasiado cariño a Fabricio Oberto, otro argentino que los deslumbra. A los 30 años, el pivote de 2.08m quedará libre de Valencia y entonces tiene todas las chances de lograr este año el ansiado salto a la NBA. ¡Al fin! Pamesa y otros clubes top de Europa como Barcelona están detrás de él, pero Fabri pretende cumplir un sueño.

El cordobés nunca fue incluido en un draft y puede elegir libremente donde ir. Chicago y San Antonio picaron en punta. Los Spurs, en silencio. Y como saben que es casi imposible sumar los dos, analizan cuál les serviría más. A Scola y Oberto los une ser jugador de equipo, tener mentalidad de hierro, contar con mucha jerarquía y haber llegado a un nivel NBA. Pero sus características son diferentes. Luis es más ofensivo que Fabri, quien le saca ventajas en defensa. Pese a que ambos mejoran cada día la faceta más débil de su juego... La proyección de cada uno es diferente: Oberto tiene cinco años más.

Depende del gusto de los interesados. "Fabricio es visto como alguien más confiable. Saben lo que puede dar. Luis ha mejorado muchísimo y todavía va camino a su techo, pero tal vez hoy aún no sea una garantía como Oberto", confió una fuente desde San Antonio. Habrá que esperar ya que Oberto también puede terminar en Sacramento o Indiana, dos que lo quisieron hasta el final antes de los Juegos Olímpicos. Lo cierto es que ambos merecen un lugar entre los mejores. Argentina, agradecida.

Con ellos, la cifra de compatriotas en la elite mundial llegaría a cinco, una certeza más que habla del histórico momento que goza el básquet argentino. Subcampeón mundial, campeón olímpico y con 230 jugadores en el exterior. Un país tan futbolero y con no más de 38 millones de personas. ¿Quién lo hubiera pensado?

Publicado por Julian Mozo- Abril 11 del 2005 2:55 PM

¿Manu debe cambiar su juego?

"Cuando me pasa esto de tener que parar para descansar el cuerpo, me preguntan si voy a cambiar mi estilo de juego. Y yo repito: no lo haré, estoy seguro de eso. Conozco una sola forma de jugar, no sé hacerlo de otra. Sé que corro más riesgos o recibo más golpes, pero no lo cambiaré". Manu no tiene dudas. Brillante como es, se da cuenta de que su juego, tan espectacular como arriesgado, lo llevó a la elite del básquet mundial y lo hizo triunfar en cada nivel, desde la Argentina a la NBA, sin dar pasos en falso. Entonces es lógico que no quiera modificarlo...

Además, Gino siente el juego de una sola manera: si tiene que tirarse al piso para ir a buscar una pelota dividida, lo hace. No se fija en las consecuencias. Pocos lo hacen y por eso lo aman hinchas, compañeros y técnicos. Tampoco duda en encarar al grandote de turno. No importa si pivotes de 2.16m y 150 kilos, como Shaq, le pegan un golpe para que no les anote en su cara o le hacen sonar sus huesos contra el parquet de una forma que nos hace contener la respiración. Pero él se levanta y va a la línea de tiros libres sin chistar.

Todos destacan, con razón, que no tiene miedo. Pero para el bahiense son cosas naturales y no quiere dejar de hacerlas. Tampoco analiza, como harían otros, que tal vez lo mejor sería dedicar más tiempo a pulir su tiro y así no tener que seguir entrando en zigzag tan seguido en medio de defensas que lo están esperando para hacerle sentir el rigor físico.

Al argentino le apasiona una forma de jugar, ésa que lo convierte en uno de los jugadores más excitantes para ver en toda la NBA. No le importa que lo rete Gregg Popovich. Si siente hacerle un caño a un rival a la carrera, lo intenta. También si le sale tirar un pase de faja, otro sin mirar como Magic o de pique al suelo desde mitad de cancha. Manu juega como en el potrero. Como Diego Maradona. El es Manudona. Disfruta de las fantasías y las ejecuta sin dudar. Es su naturaleza y eso lo hace diferente. Pero ojo: también es responsable y juega para el equipo. Siempre hará todo para ganar. No le afecta resignar protagonismo o dejar de tener números deslumbrantes en la planilla con tal de festejar al final del partido y, sobre todo, al final de la temporada. Pero tampoco le gusta limitarse. Bastante tuvo que hacerlo en buena parte de sus dos primeras temporadas, cuando los Spurs tenían una ofensiva predecible y conservadora, que no sacaba contraataques y, lejos de favorecer su juego, dejaba expuestas algunas limitaciones del bahiense. Hoy, por suerte, eso cambió mucho. El técnico se dio cuenta y hoy aprovecha más el potencial de Manu.

Esta realidad expuesta hasta acá indicaría que Gino no debería modificar su juego. ¿Para qué cambiar lo que no está roto?, dirían los estadounidenses. No creo que sea tan así. Las grandes estrellas de la historia modificaron su juego con el correr de los años. El ejemplo más claro es Michael Jordan. Cuando llegó a la NBA, en 1984, era un atleta con una temible capacidad anotadora. Capaz de volar desde la línea de libres, ganar torneos de volcadas y meter 40 puntos con facilidad. Pero el juego de MJ mutó cuando fue necesario. Con el paso del tiempo, ante fracasos consecutivos, se hizo más líder y jugador de equipo con el objetivo de potenciar a sus compañeros. Así llegaron los títulos. Y luego, cuando los años se sucedieron y sus piernas, velocidad y fuerza ya no fueron las mismas, lo hizo de nuevo. Aprendió a leer mejor el juego, dejó de penetrar en exceso para evitar golpes innecesarios, perfeccionó su tiro exterior (a tal punto que metió seis triples en un primer tiempo en una partido de la final de 1992) y desarrolló un lanzamiento en suspensión, de media vuelta, que se hizo imposible de defender. Ya no gastó energías en volcadas, prefirió las bandejas. No buscó desesperadamente su doble, utilizó mucho el pase al compañero libre... Bajó su promedio de minutos y hasta bajó la intensidad defensiva para guardarse para el ataque. Así fue figura de la NBA hasta los 38 pese a haber estado retirado durante tres años.

Manu debería hacer algo similar. Hoy, a los 27 años, su capacidad física está en su plenitud y, con su mentalidad competitiva a mil, Manu no admite cambios. Pero él recién está en el primer año de su contrato (le quedan cinco) y si bien ya está salvado económicamente, seguramente querrá quedarse todo lo que pueda en la NBA. Y, para lograrlo, difícilmente lo pueda hacer con este juego que despliega hoy. A este paso, ¿su físico aguantará seis temporadas tan exigentes? El cuerpo tiene límites y no se debe abusar... Y si Manu lo hace, pagará las consecuencias.

La aportación física le durará menos. Además, su juego se apoya mucho en su cuerpo. Manu es inteligente, lee bien el juego y no es egoísta, pero necesita mucho de sus músculos para correr, cambiar de dirección, penetrar y saltar. ¿Usted cree que su actual juego será igual de eficaz a los 32? Creo que no debe sobreexigirse, menos en la fase regular, sabiendo que la hora de la verdad llega con los playoffs. No será nada sencillo, deberá caminar por una delgada línea (cambiar cosas sin perder la esencia de su juego), pero necesitará saber transitarla si quiere seguir siendo NBA a los 32. Durante estos años que le quedan necesitará encontrar otras armas para seguir siendo efectivo en el mejor básquet del mundo. Aunque hoy él crea que no debe cambiar nada.

Publicado por Julian Mozo- Marzo 18 del 2005 9:28 AM