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Ben Wallace La humildad de Wallace es la que lo ha llevado a un lugar muy alto. (Jesse D. Garrabrant/NBAE/Getty Images)


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Artículo: La construcción de un contendor Parte 1 | Parte 2
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La ciudad de los amplios hombros jamás había tenido un hijo tan querido.

But, if you think the pressure that comes with being the Chicago Bulls’ highest-paid player will wear on , well, you need to think again because he’s faced much tougher challenges throughout his life.

Pero si existe la creencia de que hay presión por ser el jugador mejor pagado de los Chicago Bulls, hay que ver que Ben Wallace se ha enfrentado a otros retos muchos más fuertes en su vida que este.

Ben Wallace Wallace es uno de los dos jugadores en la historia de la NBA (junto con Dikembe Mutombo) en ganar el premio de Defensa del Año durante cuatro ocasiones.
(Tom Pidgeon/NBAE/Getty Images)
Persistende defense y determinación es lo que han convertido a Ben Wallace en uno de los jugadores más importantes en la NBA. Los Detroit Pistons solían dejar la responsabilidad de la defensa sobre sus hombros, usando su gran fuerza que fue determinante para que conquistaran cuatro de los últimos cinco títulos en la División Central, dos participaciones en las NBA Finals y el título mundial de la NBA 2004. Por estos días esos mismos hombros estarán encargados de apoyar el objetivo de conquistar un nuevo título para los Bulls.

El resplandor de la Ciudad de los Vientos y el United Center, tan brillante como siempre, no lograrán intimidar a Ben Wallace. Y para que el se sienta un poco asustado se necesitarán muchas cosas.

Al ver la historia de vida de Ben Wallace, se parece mucho al de una película de Hollywood, creciendo en la pobreza y viviendo en la humilde ciudad de White Hall (Alabama). Luego logró crear una gran reputación como un deportista muy completo a nivel escolar, recibiendo una beca de Auburn University, una de las escuelas más poderosas en la NCAA, a poco más de hora y media de su familia y amigos. Pero esa oportunidad se desvaneció en el último minuto y tuvo que cambiar su destino al norte a miles de millas de su hogar para jugar baloncesto sin una beca. Luego terminó jugando en la División II en Virginia Union University para luego ser ignorado en el Draft de la NBA. Una vez más se vio forzado a golpear muchas puertas para alcanzar su sueño. En Boston no encontró una oportunidad, en Washington faltaron minutos y en Orlando no logró la estabilidad a largo plazo.

Así, la historia de Ben Wallace tiene un gran recorrido antes de llegar al estrellato básicamente en Detroit, donde logró encontrar su hogar y un equipo que lo transformó en estrella y en uno de las figuras más relevantes de la NBA. Su paso por Detroit es conocido y lo que pretendemos es contar la historia de Ben antes de ser una gran estrella.

El comienzo

Ben Wallace es el décimo de 11 hijos y el menor de ocho hombres y creció en White Hall (Alabama). Su madre, ‘Mama Sadie’ estuvo siempre sola en todo el proceso de crianza y a pesar de las dificultades logró sacar su familia adelante. Ella se ganó la comida recogiendo algodón y ella misma coció las prendas para su gran familia. Y fue Mama Sadie la encargada de darle las primeras lecciones de trabajo constante y con mucha humildad.

Todos los 11 hijos tuvieron que trabajar muy fuerte para salir adelante. Incluso los Wallace nunca fueron dueños de un auto y quizás fueron una de las últimas familias en su pueblo que recibieron electricidad. Para divertirse a Ben le gustaba pescar y hacer deporte con sus hermanos mayores. Había un viejo aro de bicicleta que sus hermanos colgaron en un gran tronco de madera donde los Wallace crearon una improvisada cancha de baloncesto donde se vieron muchos duelos de hermanos 3 contra 3. Ben aprendió desde chico a ser el más chico del equipo y entendió que debía luchar muy fuerte para tener alguna opción con el balón. Así peleaba cada balón, luchaba cada rebote y encontró la motivación para entrenar cada día en esa improvisada cancha al calor del húmedo verano en Alabama.

En esa época, e incluso ahora, Ben era el más chico de la familia, así que muchas veces terminaba en la posición de armador o escolta, nunca de centro. Alguna vez pensó que podía ser un talento especial, no como un armador de la clase de Michael Jordan o Magic Johnson, pero si un jugador completo: con el lanzamiento de Isiah Thomas, las asistencias de Magic Johnson o los dunks de Michael Jordan, eso era lo que regularmente se escuchaba entre familiares y amigos. Sus compañeros y técnicos siempre fueron muy tolerantes con su estilo, pero al mismo tiempo querían que se concentrara más en jugar cerca del aro.

Ben Wallace Cantos como “Fear the ‘Fro” (Témele al ‘afro’) se convertirán en himnos en el United Center de Chicago durante la presente temporada.
(Garrett Ellwood/NBAE/Getty Images)
Así hubiese tenido el talento combinado de Isiah, Magic o Michael, no hubiera tenido un camino fácil saliendo de los campos de Alabama, especialmente a comienzos de la década de los ochenta. Es más, fue algo que no necesariamente tiene que ver con el juego lo que convirtió a Ben Wallace en el gran jugador que es hoy. Un poco de cabello hoy, mañana cero cabello

El joven Ben aprendió desde muy joven el valor del trabajo que aplicó a su estilo de jugar básquetbol, el mismo que usó para sobrellevar el ser ignorado por sus hermanos al momento de conformar los equipos o el vivir con las dificultades todos los días.

En una forma un poco irónica, aprendió desde muy joven una ‘profesión’ en la que podía ganar algo de dinero como barbero. Aprendió el arte de cortar cabello, como muchos otros, con mucha práctica, pues él era el encargado de cortarle el cabello a sus hermanos.

“Definitivamente aprendí de mi familia la ética por el trabajo”, afirma Wallace. “Ellos me enseñaron lo que significa ir a trabajar cada día con el mismo ánimo y fuerza y lograr que todas las metas y el trabajo se cumpla. Hasta estos días siempre trato de seguir con ese espíritu a donde quiera que voy”.

El joven barbero fue poco a poco más popular y eventualmente comenzó a cobrar tres dólares por corte y así logró sumar un poco de dinero para poder asistir al campo de entrenamiento que Charles Oakley (ex jugador de los Bulls y New York Knicks) organizó en York (Alabama), una ciudad cercana a su casa

Ben recién estaba terminando su año como sophomore (Segundo año) en Central High de Hayneville, donde se convertiría en una auténtica estrella estatal en fútbol, básquetbol, béisbol e incluso atletismo. A pesar de esos logros atléticos, Ben seguía comportándose como un chico y durante las charlas en el campo de Oakley no era precisamente el más atento de los asistentes. Así, el jugador NBA decició darle una gran lección de comportamiento y lo eligió para una prueba que sería el ejemplo para él y los demás chicos.

La prueba, un duelo uno a uno entre Oakley y el joven Wallace. Oakley, acostumbrado a enfrentar a Michael Jordan sin problema o quien alguna vez fracturó la nariz del gran centro de los Milwaukee Bucks Paul Mokeski con un simple roce en la cara. El Poderoso Roble, como solían llamarlo, logró una gran reputación por su caráctes y estilo, especialmente moldeado bajo el comando del Pat Riley mientras era técnico en Nueva York.

“Charles se enfureció con nosotros porque jugamos muy ‘suave’ contra él, decía que no trabajábamos lo suficientemente fuerte”, recuerda Wallace con un dejo de nostalgia. “Entonces nos retaba a jugar contra él. Recuerdo que no quise saltar para marcarlo y se enfureció porque no di me mejor esfuerzo. Me decía que ese no era un juego para niños, me tiró el balón muy fuerte y luego el juego se tornó en un verdadero duelo a muerte. Al final ambos terminamos con algunos cortes y con los labios y nariz llenos de sangre”.

Para sorpresa de Oakley, el joven Wallace soportó todo el duelo. “La verdad me impresionó”, dice Oakley. “Allí estaba este grupo de chicos muy delicados, desmotivados y sin deseos de trabajar. Entonces Ben se destacó, al comienzo ni siquiera quería jugar conmigo, pero me demostró que podía jugar y pude ver el fuego y pasión que salían de su mirada”.

“‘Oak’ realmente me forzó a trabajar”, afirma Wallace con una sonrisa. “Me llevó al límite, con la intención de que me cansara y me rindiera”.

Ben Wallace Luego de dos años jugadndo con los Pistons, el equipo nacional de Estados Unidos lo convocó y tuvo que vestir el uniforme de su selección en el Campeonato Mundial de Básquetbol 2002
(Jesse D. Garrabrant/NBAE/Getty Images)
Y el ganador?

“Yo gané”, dice sobre aquel duelo con Oakely, no lo hubiera hecho en esa época y menos ahora y eso que en esa época solo tenía 17”.

“Luego de eso jugamos mucho básquetbol juntos”, comenta Oakley. “Pero ese primer contacto es el que más recuerdo. Ben fue muy rápido con la pelota y muy fuerte con ella. Fue muy fuerte, atlético y me convenció de que podía tener un gran futuro en la NBA, todo esto hizo que mi respaldo llegara con facilidad”.

Más que darle un consejo, Oakley le dio su número telefónico a Ben y se comprometió a colaborar para que tuviera mejores oportunidades en su naciente carrera.

“Charles siempre me dijo que trabajara muy fuerte, sin descanso”, afirma Wallace. “Me decía que siempre había espacio para mejorar mi juego y que nunca me debía sentir conforme con mi trabajo. Creo que esa actitud me ha dado una ventaja y diferencia sobre otros jugadores en el mundo”.

“El apoyo de Oak fue la clave para que llegara a donde he llegado”.

De Nuevo en el camino

Luego del encuentro entre Ben y Oakley, varios scouts comenzaron a seguir los pasos del joven Wallace durante los juegos en Central High – como jugador de fútbol. Naturalmente su reputación creció y todos hablaban de su gran habilidad en la defensa pero él condicionaba su posible paso a un equipo de fútbol americano. Decía que si algún técnico lo quería en su equipo debería aceptar que integrara el equipo de básquetbol al mismo tiempo.

“Sabía que podía tener una carrera como jugador de básquetbol. Simplemente no recibí ninguna oferta o beca para seguir jugando básquetbol. Así, que honestamente esperaba usar el fútbol para lograr una oportunidad en el básquetbol universitario”.

Ben eventualmente fue llamado por Auburn University, una escuela que le permitiría practicar ambos deportes, pero al final la decisión sobre la prioridad quedaría en el grupo de entrenadores de fútbol. Así que la oportunidad de jugar en una escuela de la división I se esfumó rápidamente.

Con ese panorama, Oakley tuvo que mover sus contactos para ayudar a que Wallace encontrara un equipo. La estrella de la NBA contactó a un amigo en Cleveland, que tenía un espacio para él en el equipo de Cuyahoga Community College.

No fue el inicio de una brillante carrera universitaria o del nacimiento de un gran afro, pero Oakley fue fundamental para que Wallace superara momentos muy complicados en su vida. Dice Wallace: “Él siempre me apoyó, nunca evitó los problemas. Si tenía problemas contigo, te lo decía en la cara y créanme que escuché muchas críticas de él. Es muy bueno en eso, es algo que tu puedes llamar las críticas constructivas”.

Las estadísticas de su paso por Cuyahoga no están disponibles, pero lo que se encuentra demuestran que tuvo un gran rendimiento en su segundo año con 24 puntos, 17 rebotes y siete bloqueos por partido. Cualquier reclutador de talentos pudo asegurarse de que Ben pasara a una escuela de la División I, pero su inmadurez, aburrimiento y frustración hicieran que terminara su aventura escolar en su segundo año, perdiéndose la oportunidad de pasar a una universidad prestigiosa.

Y una vez más Oakley salió a su rescate, recomendando a Wallace con Dave Robbins, uno de sus amigos y técnico de Virginia Union, el Alma Mater de ‘Oak’.

Ben Wallace El estilo tenaz y sólido de Wallace lo enmarcan como un jugador perfecto para el estilo que tiene Chicago.
(Jesse D. Garrabrant/NBAE/Getty Images)
“Hay muchos jugadores de muy buen nivel a nivel colegial y creo que lo hice muy bien en Cuyahoga”, afirmaWallace. “Me mantuve en contacto con Oak y él me habló de la posibilidad de pasar a Virginia Union. Sabía que él había jugado allí y también sabía que Terry Davis y A.J. English tuvieron un gran paso en esa universidad antes de llegar a la NBA. VUU había Ganado algunos campeonatos nacional y tenían a Dave Robbins como un gran técnico”. Wallace se adaptó muy bien al estilo de los ‘Panthers’, mejorando en su juego y guiando posteriormente a Virginia Union a los títulos de la Asociación Atlética Central Intercolegiada en 1995 y 1996, además de avanzar al ‘Final Four’ de la División II NCAA en 1996.

VUU fue el primer programa en el que Wallace logró aprender los valores del juego en equipo. Ya existían varios jugadores reconocidos como anotadores naturales de los Panthers, así que Wallace dejó de priorizar su juego ofensivo y se concentró en la defensa, al mejor estilo de Oakley: luchando a muerte cada balón y así sin sorpresas Wallace se destacó como un gran rebotero, bloqueador de pases y de lanzamientos.

Su ultimo año en la Universidad tuvo como punto máximo el ser el Jugador Más Valioso en la División II de la NCAA, logrando una nominación en el mejor equipo All-American. Sin embargo Oakley no estaba al frente de ninguna oficina de reclutamiento en la NBA y así su oportunidad de ser elegido en el Draft pasó a pesar de su impresionante récord de 28 triunfos y 3 derrotas, además de promediar 12.5 puntos, 10.5 rebotes y 3.68 bloqueos por encuentro.

Hay muchos nombres de jugadores que han soñado con llegar a la NBA luego de brillar en una escuela pequeña, pero esto es poco usual. “Me puedo identificar perfectamente con lo que vivió Ben”, dice el veterano Derrell Armstrong, de los Dallas Mavericks, quien jugó para Fayetteville State in la división CIAA. “Nosotros tampoco teníamos mucha publicidad. Pero la CIAA ha tenido la tradición histórica de producer muy Buenos jugadores y Ben es un ejemplo perfecto de esto”.

Wallace llevó su estilo a los Boston Celtics, que le dieron una oportunidad en la Liga de Verano. Así llegó como jugador no elegido en el Draft y tuvo como misión marcar jugadores de igual o mayor tamaño, todo ordenado por el técnico M.L. Carr. “No culpo a Carr por la forma como me puso a jugar, así tenía un reto muy complicado para mí. Pero si me hubiera ubicado en otra posición (poste) le hubiera ahorrado mucho tiempo y quizás las cosas hubieran tenido otro destino”.

Wallace fue pronto dejado en libertad y logró un contrato para jugar en Italia antes de recibir una llamada de último minuto por parte de Wes Unseld, General Manager de los Washinton Bullets. Al directivo le impresionó lo poco que vio de Wallace y pensó que podía ser un jugador muy valioso para su escuadra.

“Para mí fue un gran reto, casi al nivel de los mismos que vivió Ben”, afirma Unseld. “Mucha gente me cuestionaba porqué había contratado un jugador para jugar como centro en la NBA con sólo una estatura de 6’7’’ y entre tu y yo, Ben no es más alto de lo que soy yo. Pero algo me impresionó al verlo y sabía que quería ver más”.

“Le debo mucho a Wes”, reconoce Wallace. “Quién sabe cuánto más tiempo me hubiera costado regresar de Europa antes de que alguien me diera una nueva oportunidad”.

“Convencido del potencial de Wallace, Unseld contrató al Novato para que fuera uno de los últimos recursos en el banco de los Bullets. Mientras que Wallace no veía muchas oportunidades en la cancha, en las prácticas entregaba todo de sí, tal como lo recuerdan sus compañeros Chris Webber y Jowan Howard. Su estilo ya estaba capturando algunas miradas para el comienzo de la temporada 1997-98. Ese año, Wallace no solamente comenzó a mostrar parte de su gran talento sino que comenzó a exhibir su marca registrada: un afro estilo Jimi Hendrix que lo convirtió en un símbolo en la liga y en uno de los iconos preferidos entre los aficionados.

Ese estilo – que a veces combina con trezas – comenzó a imponerse cuando decidió crear un duelo con sus compañeros Webber y Darvin por saber quién se dejaría crecer el cabello durante un mayor tiempo. Al final todos conocemos quién ganó esa particular apuesta. El afro es sinónimo de Wallace hoy.

Ben Wallace Cuando llegó a Orlando, el técnico Doc Rivers lo ubicó como centro en su primer año y así Big Ben comenzó a destacarse como el jugador más eficiente en los rebotes para los Magic, con 8.1 rebotes y fue el segundo en la categoría de bloqueos (1.60).
(Andy Lyons/Allsport)
Para muchos ese cabello es sinónimo de poder y así fue creciendo su afro y rendimiento. En menos de 17 minutos por encuentro durante la temporada 1997-98 Wallace tenía promedios de 4.8 rebotes y 1.07 bloqueos. Claramente si se incrementaba su tiempo de juego, sus estadísticas también crecerían.

Esto fue algo que Washington pudo disfrutar en 1999, cuando Webber salió rumbo a los Sacramento Kings y Howard sufría de una lesión. Wallace vio crecer su salario (1.6 millones en dos años) y sus minutos (26.8), además de su producción: 8.3 rebotes y 1.96 bloqueos. El joven centro iba mejorando, pero la cancelación prematura de la temporada acabó con la proyección de una temporada exitosa para Wallace.

Rumbo a la temporada 1999-2000, Washington apostó por un Nuevo centro: Isaac Austin, quien todos esperaban que regresara a la forma que lo convirtió en el Jugador de Mayor Progreso (1996-97) y Wallace fue simplemente enviado con tres compañeros a los Orlando Magic. No sólo Boston ha sufrido la maldición del Bambino con los Red Sox, también Washington ha sufrido pues no ha tenido un centro del nivel de Wallace desde entonces.

Para su crédito, Wallace vio que su canje a Orlando representaba un nuevo comienzo y así fue un gran nuevo elemento, además de ser el socio ideal para otros dos novatos en el equipo: el técnico Doc Rivers y el base Chucky Atkins.Se hizo muy amigo de Atkins y ambos compartían un inusual pasión por los automóviles a control remoto y se les solía ver haciendo carreras de estos diminutos vehículos en la casa de Wallace.

“Chucky y Doc fueron dos verdaderos amigos. Todo lo que encontré en Orlando fue gratificante y fresco. Quería un hogar, un lugar donde me pudiera sentir en casa y así me encontré con un equipo lleno de jovenes, con muchas ganas de surgir, fue un gran ambiente para que mi juego creciera”.

Rivers le dio la primera gran oportunidad para que Wallace fuera protagonista y titular en la NBA. Fue titular durante 81 partidos y logró promedios de 24 minutos por encuentro. Sus registros de 8.2 rebotes y 1.60 bloqueos suenan normales pero hay que tener en cuenta que Wallace tuvo una molestia en su talón que lo obligó a caminar con vendas entre partido y partido a lo largo de la temporada. Pero este era el comienzo de una carrera realmente exitosa en la NBA.

"John Davis (asistente de los Magic) y yo hablamos mucho al respecto. Él me motivaba para que tuviera cada día nuevas metas. Y una de las que más recuerdo es que me pedía que lograra al menos cuatro rebotes por cada período”.

“Durante el comienzo logré cumplir esa meta y así empezamos a hablar de lo que pasaría si tenía más minutos. Quizás ese registro aumentaría y así comencé a ver la real posibilidad de ser titular y protagonista en el equipo”.

Pero infortunadamente Ben no logró esa anhelada meta y sus minutos disminuyeron en Orlando. Una vez más su equipo decidía jugársela por otra estrella. Así Wallace y Atkins fueron enviados a Detroit a cambio de la estrella que querían los Magic: Grant Hill.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que finalmente todos reconocieran el valor de Ben Wallace. El canje fue considerado un gran acierto para Orlando en ese momento, pero lo que sumaron fueron años de frustración mientras que Detroit logró – en parte gracias a Ben – un campeonato de la NBA que terminó con un ayuno de 14 años para los seguidores de los Pistons y convirtió a Wallace en uno de los jugadores más peligrosos, respetados y populares en la NBA.

— Por Brett Ballantini/Traducción Cesar Acevedo

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