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Scottie Pippen - Hall of Fame 2010


“Nunca me importó jugar bajo la sombra de Jordan”

Esta entrevista, realizada en mayo de 2004 y publicada por EL MUNDO DE SIGLO XXI en agosto de 2004, fue cedida a Bulls.com con motivo de la próxima consagración de Scottie Pippen en el Salón de la Fama.


Scottie Pippen | Naismith Memorial Basketball Hall of Fame | Class of 2010

A sus 37 años y en unos Bulls muy diferentes a los que lideró a la conquista de seis campeonatos durante la pasada década, un renqueante Scottie Pippen se debatía recientemente entre un último arreón en Chicago y la retirada que finalmente confirmó este pasado martes.

Sus cuatro canas delatan una entrada en años que su delineada silueta camufla admirablemente, y su tímida mirada conserva la inocencia propia de aquel joven larguirucho y delgado que moldeó sus cualidades hasta convertirse en el escudero perfecto de Michael Jordan y uno de los cincuenta mejores jugadores del Siglo designados por la NBA.

Esta fue su primera temporada en 16 años de carera en que no jugó los play-off. ¿Se lo esperaba?
Estoy bastante decepcionado. Fue un año muy duro, pero ya sabía que sería un reto muy grande, tal y como han ido las cosas en Chicago desde mi marcha. Sabía en qué me estaba metiendo, así que tampoco voy a lamentarme ahora.

¿Le duelen más las derrotas que las rodillas?
A estas alturas me duele todo. Me gustaría estar junto a mis compañeros, y creo que si tanto yo como otros hubiéramos estado en condiciones las cosas seguramente habrían salido mejor.

¿El hecho de que está sea quizás su última temporada le ha permitido saborear más determinados momentos?
Siempre he disfrutado de una forma u otra, en los partidos o en los entrenamientos. La carga emocional estuvo allí, sobre todo al visitar ciertos pabellones, pero nunca lo vi como un ‘Tour’ de despedida, ya que aún no había tomado la decisión definitiva.

¿Cuál seria su mayor motivación en caso de seguir adelante?
Seguir jugando. Amo el baloncesto y esa pasión es la que me ha mantenido activo hasta ahora.

¿Acabar así le deja un regusto amargo?
En parte. Creo que todavía me queda bastante por ofrecer a este deporte y me sigo sintiendo útil. No he perdido el entusiasmo por competir o entrenar.

Su palmarés es difícilmente igualable: Seis anillos de campeón de la NBA, siete veces All Star, Oro Olímpico en Barcelona... ¿Cuál ha sido su momento de mayor orgullo profesional?
Ha habido tantos... Mi primera elección para el All-Star me hizo muchísima ilusión, pero los seis títulos con Chicago no los supera nada. Ganar a este nivel, frente a la competencia más fuerte del mundo, es la mayor recompensa que puede tener un jugador de baloncesto.

¿Y el peor?
Recuerdo el primer año sin Michael (Jordan), en 1994, cuando estuvimos a un paso de llegar a la final y perdimos el séptimo partido en Nueva York. La herida tardó en cicatrizar. La derrota siempre es lo peor.

¿Se arrepiente de algo?
Para nada. He jugado siempre con entusiasmo y he disfrutado de una gran carrera, así que no hay de qué arrepentirse. El baloncesto te ofrece tantos retos que es muy fácil relativizar los triunfos y los fracasos en su momento.

¿Si pudiera volver atrás en el tiempo y revivir una temporada, cuál elegiría?
La 1990-1991. Logramos nuestro primer título y fue un gran año para nosotros, muy divertido y emocionante. Nunca habíamos logrado pasar antes de la Finales de Conferencia y el sabor del triunfo era novedoso.

¿Y un partido?
También ese año. El quinto de las Finales en Los Angeles. Era nuestra primera oportunidad y no la desperdiciamos: Jugamos un gran partido, muy concentrados.

Si no recuerdo mal, usted anotó 34 puntos, rompiendo un poco con el arquetipo de “escudero de Jordan”.
Yo lo recuerdo más como el primer título, el sabor del triunfo.

Es una etiqueta que siempre le ha perseguido, injustamente quizás.
Nunca me importó jugar bajo la sombra de Jordan. Considero una suerte y un privilegio haber compartido con él gran parte de mi carrera profesional. Nunca me he fijado demasiado en lo que dice la prensa sobre mí.

¿Se rompió la dinastía prematuramente?
Particularmente, me hubiera gustado jugar juntos una o dos temporadas más y ver como respondíamos a las exigencias, con una edad más avanzada y las ganas del resto de la liga por derrotarnos.

¿Se arrepiente ahora de la decisión de abandonar Chicago?
Sin Michael, Phil (Jackson), y Dennis (Rodman), carecía de sentido quedarme para liderar un proyecto de reconstrucción. En ese momento era lo mejor para mí.

Fue de los primeros aleros en ejercer también funciones de base. ¿Siente que reinventó la posición en cierto modo?
Yo mismo seguí la estela de otros grandes aleros que eran muy buenos pasadores, pero siempre es una ventaja para cualquier jugador el poseer un buen manejo del balón. El hecho de que yo pudiera ejercer de base en determinados momentos añadió múltiples dimensiones a mi juego, y resultaron muy efectivas para mi equipo.

¿Qué entrenador colaboró más en su formación?
Mi mayor progresión llegó a nivel profesional, así que debería decir que Phil Jackson y sus asistentes, aunque batallar cada día ante un jugador como Michael en los entrenamientos también fue clave, sin duda.

No siempre fue fácil.
Fue duro al principio, todo un proceso de aprendizaje. Michael me retaba cada día, no sólo en el aspecto físico sino el psicológico, y hubo baches que fui superando a base de experiencia y perseverancia.

¿Qué le diría ahora a un joven Pippen, recién llegado a la NBA?
Que se tomara su trabajo en serio: Es su vida y de él depende el jugo que le quiera sacar. Cuando uno es joven, cuesta entender los sacrificios necesarios para triunfar en una liga tan exigente como esta. Hay que intentar estar siempre en plenas condiciones físicas y concentrado al cien por cien para dar lo mejor de sí mismo cada noche.

¿Qué opina de la nueva generación de jugadores?
El baloncesto ha evolucionado mucho en los últimos veinte años y su estilo es muy diferente al de nuestra generación. También la NBA ha cambiado ciertas reglas y hay que adaptarse a los cambios. No me desagradan, necesariamente.

¿Le gustan los jugadores europeos?
Mucho, sobretodo porque llegan con muy buenos fundamentos técnicos y confianza en sus cualidades y producen un impacto inmediato. Han evolucionado mucho en el aspecto psicológico: Ya no aterrizan tan intimidados como antes.

¿Es esa la principal diferencia respecto al pasado?
Europa siempre ha tenido muy buenos jugadores, pero antes les costaba mucho adaptarse y tenían miedo al fracaso. A base de medir sus fuerzas frente a más y mejores jugadores americanos, han ido confiando cada vez más en sus posibilidades y ahora pueden competir de igual a igual.

A lo mejor los que han cambiado son ustedes y les ven ahora con mejores ojos.
Funciona en doble dirección. Es verdad que les recibimos con escepticismo, pero forma parte del juego. Yo siempre exigí lo mismo de un jugador extranjero que de un rookie que acabara de ganar el campeonato universitario: Que me demostrase que podía jugar al nivel más alto.

¿Cuál fue el mejor europeo con el que jugó?
Seguramente Toni Kukoc. Cuando llegó a Estados Unidos tenía mucho talento pero tuvo que moldear su juego progresivamente, hasta convertirse en un jugador decisivo en la NBA. Sabonis también era muy bueno, pero fue una lástima que llegara en la última etapa de su carrera.

¿Y como adversario?
Petrovic era un fenómeno, pero me quedo con Stojakovic: Es un gran tirador, físicamente fuerte, defiende, lucha y entiende muy bien el juego. Es más completo.

¿Cómo le gustaría ser recordado?
Prefiero que me juzguen otros, pero creo que he sido un luchador y un trabajador nato a lo largo de mi carrera, y gracias a ello logré brillar y saborear la gloria.


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