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Jordan, niño una vez, jugó por amor al juego

“Es el niño que sin duda aún vive dentro del hombre el que nos cautivó a todos, no tanto por una habilidad y determinación trascendentes, sino por su amor incondicional y juguetón al juego, la competición y el teatro entorno a todo ello”, escribe Sam Smith sobre Jordan. (Nathaniel S. Butler/NBAE/Getty Images)

Once a kid, Jordan played for the love of the game

Lo que recuerdo con más cariño es el niño.

Estaban la denominada cláusula del "amor al juego" en el primer contrato NBA de Michael Jordan, las inseguridades también propias del resto y las incertidumbres cuando entró por vez primera en el viejo gimnasio Angel Guardian en el barrio norte, con el asfalto bajo los aros; y la intensa competitividad que todos llegamos a admirar y respetar. Aunque, mayormente, estaba la alegría de jugar y ya. Como si no tuviera que crecer.

Michael Jordan turns 50 Michael Jordan cumple 50 | De los archivos:
-- Jordan entra en el Salón de la Fama en 2009
-- Primeros dos títulos, 20 años después: 1991 y 1992

"El mejor momento de mi vida," recuerdo a Michael Jordan decirme aquella temporada de novato en 1984-85, sobre la vida en la NBA con un equipo de los Bulls no demasiado bueno y compañeros no demasiado íntegros.

Cada día, sin embargo, era solo baloncesto y más baloncesto, entrenamientos y partidos. ¡Oh!, la emoción de los partidos y descubrir que realmente podía ser tan especial como esperaba ser y dijeron que sería. Y los partidos nunca terminaban: los torneos de ping pong con su amigo Rod Higgins y los feroces juegos de naipes bien entrada la noche con su trío de viejos amigos de Carolina del Norte que ocasionalmente se le unían en viajes por carretera: Fred Whitfield, Fred Kerns y Adolph Shiver.

No parece hace tanto tiempo, pero suena a mucho ahora que Jordan cumple 50 años el domingo. Michael Jordan puede obtener una tarjeta AARP. ¿Qué les parece? Intuyo que todavía no pide el descuento para la tercera edad en McDonalds.

Michael Jordan "El mejor momento de mi vida," Sam Smith recuerda a Michael Jordan decirle temporada de novato en 1984-85 sobre la vida en la NBA con un equipo de los Bulls no demasiado bueno y compañeros no demasiado íntegros.
(NBAE/Getty Images)

Quizá sea mejor para todos nosotros que Jordan mantenga un bajo perfil como propietario de los Bobcats de Charlotte y también como célebre portavoz comercial. Eternamente joven en nuestros recuerdos, con imágenes imborrables de emocionantes canastas ganadoras, los grandes tiros contra los Cavs y los Jazz, las luchas de barro y pruebas de resistencia contra los Pistons y los Knicks. La tragedia, el drama y las controversias.

Es el niño que sin duda aún vive dentro del hombre el que nos cautivó a todos, no tanto por una habilidad y determinación trascendentes, sino por su amor incondicional y juguetón al juego, la competición y el teatro entorno a todo ello.

Sonreías viendo a Jordan jugar no tanto por los mates y penetraciones y tiros, pero por la emoción que le proporcionaba, a él y al resto de nosotros, la entrega del acto de jugar como arte escénica y entretenimiento de niños, a la vez inocente y atractivo.

Tuve la suerte de comenzar a escribir en serio sobre la NBA sobre la época en que Jordan llegó a los Bulls. De hecho, antes de que comenzara la primera temporada de Michael, fui a pasar una tarde con él para una asignación “free lance” que estaba escribiendo para US Magazine. Llegué a la casa de Northbrook de Jordan, un dúplex de ladrillo y me encontré una tabla de planchar en la sala de estar, a la izquierda de la consola de televisión. Viniendo de alguien cuya idea de planchar es “doblado” o “colgado” en la tintorería, reí al verla y pregunté a Jordan si se trataba de un decorado para la entrevista.

No, insistió inocentemente. Él planchaba su ropa. ¿Ahorrando unos dólares?, me pregunté.

Jordan había firmado un contrato de novato de siete años y 6.3 millones de dólares, enorme para esa época, pues yo mismo estaba ganando unos 25.000 dólares al año. Jordan explicó que la costumbre venía de sus días de escuela secundaria en Carolina del Norte. Él era de una gran familia con fuertes valores y seguiría a la universidad de Carolina del Norte, donde en su primer año de novato estelar no entraría en la foto de pretemporada de Sports Illustrated porque era solo para veteranos. Entonces no había cultura de privilegios para Jordan ni para nadie; ciertamente no allí. Esto importa.

Dijo que era un niño tímido en la secundaria, buen pero no gran atleta, mejor jugador de béisbol, realmente. Su padre, James, siempre soñó con una carrera de béisbol para Mike, quien fue lanzador estelar a los 12 años. Aunque sabemos de un intento después de aquel primer retiro en 1993, Mike y su padre, tan padre e hijo como mejores amigos, habían hablado de ello temprano, durante las primeras temporadas de Jordan con los Bulls, trazando diversos planes para los veranos con equipos de las ligas menores en Carolina del Norte. Después de todo, era cosa del amor al juego, cualquier juego, y Mike podría jugar donde él quisiera a pesar de las cláusulas que lo limitaban en otros contratos de la NBA.

Pero incluso Mike, como la mayoría de nosotros, se sentía abrumado y escasamente preparado en relación al sexo opuesto. No le gustaba su aspecto.

Michael Jordan "Jordan era una estrella cuando llegó a los Bulls, dueño de un tiro ganador de partido de NCAA, una medalla de oro olímpica y Jugador Universitario del Año," escribe Smith. "Pero la NBA también era su sueño".
(Universidad de Carolina del norte)

"Nunca pensé que alguien quisiera casarse conmigo", dijo entonces con encogimiento de hombros y una risa.

Así que tomó algunos cursos de economía doméstica en la escuela para aprender a coser, planchar y cocinar. Muchas chicas en las clases también, señaló.

Te hacía sonreír cuando estabas con él. Amigos íntimos de Jordan todavía lo saben, ahora más a través de los juegos de golf y las noches apostando en los casinos y tal vez incluso un partido de ping-pong con Higgins, quien sigue con él en Charlotte. Jordan es ferozmente leal a sus viejos amigos, y muchos siguen acompañándole.

Yo lo comparé a un tipo de "un hombre de hombres”. Conocen a esos tipos: el líder dondequiera que esté, ya sea en un bar o campo de golf o la oficina, en el que los demás se fijan de forma natural. Mike siempre hizo pasar el tiempo divirtiendo con los retos, el llamado “lenguaje-basura”, los interminables juegos y maneras de adelantarse a la jugada, ya fuera con una puya verbal o desafío físico.

Jordan era una estrella cuando llegó a los Bulls, dueño de un tiro ganador del partido de la NCAA, una medalla de oro olímpica y Jugador Universitario del Año. Pero la NBA era su sueño también. No solo no sabía lo bueno que era, sino tampoco si era lo suficientemente bueno. Seguía a los profesionales y tenía a sus favoritos y esto era un sueño, y un destino también. Hasta que estás allí nunca se sabe.

Fue la célebre tercera elección de aquel Draft de 1984, ya que los equipos, incluyendo a los Bulls, intentaron posicionarse para elegir a Hakeem Olajuwon, provocando la decisión de la NBA de establecer la lotería del Draft el próximo año para limitar las conspiraciones, que sólo continuaron. En el Draft, el director general de Bulls, Rod Thorn, con una historia de malas selecciones entre los 10 primeros, era entusiasta y a la vez cauteloso. Va a ser muy bueno, aseguraba, como habíamos oído antes de David Greenwood, Orlando Woolridge, Sidney Green, Ronnie Lester y Quintin Dailey; pero no el tipo de jugador para darle la vuelta a una franquicia solo. Me encantaba la historia del entrenador Kevin Loughery sobre el primer entrenamiento de pretemporada en que faltó Thorn. Loughery le llamó más tarde y le dijo que finalmente no había desaprovechado un Draft.

Pero el propio Jordan no lo sabía. Estos eran jugadores veteranos de la NBA y Jordan venía de una cultura de respetar a los mayores y esperar turno en Carolina del Norte. Fue, como sabemos, muy bueno desde el principio, aunque recuerdo que me dijo ese año lo agradecido que estaba a Loughery. No fue un equipo armonioso, con celos considerables hacia Jordan, quien inmediatamente fue protagonista en el esquema de Loughery. Sí, Murph reconocía el talento en cuanto lo veía.

En años posteriores, Jordan hablaría sobre pasar frente a las habitaciones del hotel de compañeros y notar el olor a marihuana. Varios jugadores de aquel equipo finalmente entraron en centros de rehabilitación de drogas. Así que los dos Freds y Adolph le acompañaban cuando podían, encontrando acomodo junto a él y el resto del equipo, que entonces volaba en avión comercial. Compraban sus tickets y se sentaban en la parte posterior con nosotros, aunque yo sólo viajaba ocasionalmente entonces, pues no era el reportero habitual de viaje. Jordan aún necesitaba los juegos, y un cuarteto para naipes siempre era preferible. En años posteriores, cuando no podían venir, a veces nos invitaba junto a mi amado difunto colega, Lacy Banks, a su habitación para naipes o dardos o alguna actividad. A Lacy le gustaba apostar con Jordan y eran más cercanos. Mi esposa decía que estábamos ahorrando para una casa.

Michael Jordan Sonreías viendo a Jordan jugar no tanto por los mates y penetraciones y tiros, pero por la emoción que le proporcionaba, a él y al resto de nosotros, la entrega del acto de jugar como arte escénica y entretenimiento de niños, a la vez inocente y atractivo.
(Andrew D. Bernstein/NBAE/Getty Images)

Pero incluso Jordan no estaba seguro de que fuera lo suficientemente bueno. A pesar de todos los logros y reconocimientos en la universidad, esto seguían siendo los profesionales de Magic y Larry e ídolos como el Dr. J.

Pero Loughery le dio el balón a Michael y le dijo de ir por ello, hacer las jugadas, ser el hombre.

Nunca fue el rol de Jordan en Carolina del Norte, con jugadores de la talla de James Worthy y Sam Perkins, y realmente tampoco lo quería en un principio, ya que prefería recurrir a sus veteranos compañeros de equipo a los que realmente no les gustaba demasiado el chico. No porque no fuera simpático, sino porque enseguida se convirtió en el favorito de los medios de comunicación con esa personalidad y sonrisa entrañables, la lengua al viento, los mates, el instinto, el espectáculo y, por supuesto, las zapatillas. Y realmente sabían, lo sabían en el fondo, que era el paquete completo. Era mejor.

Pero recuerdo a Jordan decir que era porque Loughery tuvo la confianza en él y le permitió sobresalir. Jordan siempre comentó respecto al deporte, o cualquier logro en la vida, que dependía de la confianza y no sabía qué habría pasado si Loughery no le hubiera permitido relajarse y jugar el juego que podía jugar tan bien.

Por supuesto, la vida real siempre surge, como lo haría en ese supuesto y famoso complot en su primer partido del All-Star en 1985, en el pie roto para abrir su segunda temporada, que lo mantuvo tres meses fuera. Jordan volvió a Carolina del norte, y ni siquiera los Bulls sabían, mientras contemplaban si dejarlo jugar otra vez esa temporada, que ya estaba jugando partidos improvisados de vuelta a casa. Porque se trataba del juego y la alegría y pasión, y de ser un niño que amaba, simplemente amaba, jugar y competir y ganar y perder y volver y ganar de nuevo.

Eso es lo que verdaderamente convirtió a Michael Jordan en el jugador que fue: un regalo deportivo para tantos. Vale la pena recordarlo, mientras marcamos el paso del tiempo.