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Rose, el Jugador Más Valioso… y persona

Rose is Most Valuable Player… and person
Also: 2010-11 NBA MVP Derrick Rose

Por Sam Smith (3 de mayo, 2011)

Es raro ver a un Derrick Rose dubitativo, vacilante, abrumado por el momento, su apariencia fría y estoica sacudida por la emoción.

No me refiero a que no perciba sentimientos humanos, normales. Aunque vemos tan a menudo a nuestros héroes deportivos, los Olímpicos de nuestra sociedad, a través de un prisma de frialdad carente de pasión e incluso un relativo aislamiento, que las hercúleas gestas deportivas que estos están facultados para realizar los alzan a niveles divinos.

Pero también sangran y se calientan. A muchos de los que nos movemos alrededor de las estrellas deportivas se nos pregunta a menudo como son realmente, qué es lo que uno encuentra tras ese halo de prestigio.

Para Derrick Rose, nombrado oficialmente el Jugador Más Valioso 2010-11, el mayor honor individual del baloncesto, son los fundamentos lo que hicieron al hombre, pese a su juventud, sabio en lo referente a logros deportivos y humanidad.

En su discurso tras recibir el premio, Rose agradeció “a Dios por haberme dado la posibilidad de salir y jugar como estoy jugando”.

Rose también agradeció a sus compañeros de equipo, amigos, la directiva de los Bulls, sus entrenadores, sus representantes, ex entrenadores de los Bulls y aficionados.

Habló cariñosamente de su familia, de sus hermanos, que guiaron sus pasos y le protegieron en los momentos difíciles, creciendo al Sur de Chicago.

“Vosotros fuisteis los que me empujasteis a diario y os asegurasteis que seguía por el buen camino, que fuera a entrenar y no me descarriara. Me siento afortunado de teneros en mi vida”, dijo Rose.

Y, a continuación, habló de Brenda Rose, su madre.

Rose tropezó al comenzar a elegir las palabras, dudando como nunca lo hace cuando juega a baloncesto. Los recuerdos zumbaban en su cabeza como esos contraataques con los que enamora al mundo del deporte.

“Gracias a mi madre”, empezó Rose, deteniéndose, casi lloroso, en busca de aliento. “Brenda… mi corazón, la razón por la qué juego como lo hago… Todo… Sólo esos días en que no me sentía con ganas de entrenar…”.

Rose se detuvo una vez más, su mente obviamente echando el retrovisor y saltando de un día a otro, repasando crisis e incidentes. Y la madre siempre allí, con la mano firme y una palabra amable. Cuando uno crece en esa zona sin una familia biparental, con la violencia y la pobreza que le rodean, no sólo es difícil, sino también debilitante.

Pero Brenda siempre fue fuerte cuando otros no lo eran tanto y trabajó más duro y más horas para su familia, y para el pequeño, Derrick. Constatamos esa lealtad y humildad ahora en Rose, así como la fortaleza y voluntad originaria de un modelo de estabilidad y perseverancia.

“Si a mí me costaba un rato despertarme, ella tenía que ir a trabajar para asegurarse de que todos estábamos bien”, dijo Rose. “Eran días duros. Mis días no debían ser tan difíciles”.

“Me mantuviste a flote cada día”, dijo Rose mirando fijamente a los ojos de su madre en primera fila. “Te quiero y me siento dichoso de tenerte en mi vida”.

Todo lo que sea Derrick, lo es también Brenda. Y todo lo que Derrick consigue va para Brenda. Aunque Rose bromeó al pedirle a su madre, que orgullosamente recopila toda evidencia de una carrera que parece ir directa al Salón de la Fama, que le permita mantener el trofeo de MVP por unos días antes de quitárselo de las manos.

“Quiero tener el trofeo un par de días antes de que me lo robe”, dijo Rose con una carcajada. “Dame dos o tres días, mamá”.

Se trata de un asunto de primer orden, y no sólo por culpa de todos los cánticos de “MVP” a lo largo de la temporada y el hecho de que estemos hablando del principal premio de la NBA. Rose se convierte en el más joven en ganar, y de largo, sobre el otro finalista: Dwight Howard. Rose recibió 1.182 puntos y 113 votos de primer lugar, por 643 puntos de Howard y sus tres votos para la primeras posición. LeBron James fue el segundo en votos de primer lugar con cuatro. Todos los ganadores del premio antes de 2000 están en el Salón de la Fama del Baloncesto y ninguno de los siguientes es elegible, al seguir en activo o haberse retirado recientemente. Este es un superdotado histórico nuevamente para los Bulls y uno al que Chicago puede abrazar como nunca anteriormente.

Rose se une a Oscar Robertson, Michael Jordan, Jerry West, Larry Bird, LeBron James y Dwyane Wade entre los únicos capaces de promediar al menos 25 puntos, 7,5 asistencias y cuatro rebotes en una temporada.

Se trata de un chico de Chicago. Nacido aquí, creciendo aquí, jugando aquí y con sólo una parada de un año en la universidad de Memphis. Alguien que forma parte de la estructura comunitaria. Representa más sobre Chicago y el baloncesto que nadie previamente, por sus raíces y su dedicación, y actual éxito con los Bulls. Ha manejado la presión de jugar en su ciudad natal con la misma confianza y discreción que cautivó a tantos mientras crecía y le permitió alcanzar los estándares que ha logrado a tan temprana edad.

Estamos hablando de un chico que, en esta era de ostentación y rimbombancia, se desenvolvió tranquilamente en la cancha con menores estadísticas personales para que otros pudieran obtener becas en el instituto y gozaran de una mejor oportunidad para obtener un contrato profesional en la universidad. Ayuda y sacrificio, lecciones que aprendió viendo a su madre y reducida y estrecha familia.

Derrick no habla demasiado. Nunca lo hecho, y continua igual.

Pero observa.

“Cuando era más joven, sólo pensaba en jugar en la NBA. No en el Novato del Año o All-Star, sólo jugar en la NBA”, dijo Rose. “Este premio me sube de nivel. Te hace pensar que puedes hacer cualquier cosa. Soy el tipo de persona que se alimenta de cualquier cosa. Soy discreto, pero observo muchas cosas todo el tiempo”.

Nos gustaría desarrollar perfiles psicológicos de nuestras estrellas deportivas, nuestros políticos y artistas, imbuirles motivos y ambiciones.

No quiero decir con eso que Rose no tuviera sueños y deseos como cualquier otro. Pero se trata sobre todo un joven simple y puro, dedicado a una disciplina y a rendir tributo.

En nuestra época, es realmente es una combinación extraña cuando el talento, la dedicación y la falta de arrogancia se encuentran. Quienes lo ven se sienten afortunados y quienes lo conocen, dichosos en su registro personal.

Por supuesto, este premio llega, no por decencia, sino brillantez baloncestística. Y Rose ha aunado todo eso desde el día que preguntó -no predijo- en pretemporada, ¿por qué él no podía ser el MVP de la liga?, un momento que ahora recuperamos con mezcla de simpatía y estupor.

“Dije que quería ser el MVP”, explicó Rose, como si los presentes no nos hubiéramos dado cuenta hace tiempo. “No estaba tratando de ser arrogante. Le había dedicado mucho trabajo duro en la pretemporada. Quería presionarme a mí mismo. Eso fue todo”.

¿Por qué no yo mismo? ¿Por qué no ahora? No permitas que los demás decidan quién eres o quién deberías ser.

Nadie pensó que podría ser Rose, no con LeBron y Wade y Kobe y Durant y Howard y Dirk. Carajo, Rose ni tan sólo era considerado uno de los tres mejores bases. Pero es una gran lección aunque Rose nunca lo plantee así. Tomas lo que tienes y lo aplicas en su universo. Y, ¿por qué no? No, todo el trabajo que pueda hacer Rose no le ayudara probablemente a encontrar una cura contra el cáncer. Pero, si elijes una disciplina y trabajas, no importa lo que piensen. Sólo lo que hagas.

Al ser de Chicago, Rose también entendió mejor que nadie lo que el éxito deportivo conlleva aquí.

“Viniendo de Chicago, Chicago ha estado en sequía, esperando que ocurra algo”, dijo Rose. “Sienta bien cuando sales y escuchas a la gente animarte, escuchas a tus compañeros hablar bien de ti y recibir el mismo trato. Puede tratarse de mí o el último jugador del banquillo. Los aficionados son estupendos”.

Rose comprende a Chicago, la mentalidad de la ‘Second City’, la zona de sobrevuelo del Medio Oeste. Entiende la búsqueda del éxito, pero algo que siempre me impresionó sobre Rose fue cuando hablaba de los campeonatos de los Bulls en los años 90. Por supuesto, era joven, y recuerda algunos. Pero lo que más recuerda es que, mientras se disputaban los partidos, él estaba en el parque jugando. Eso es Chicago, de veras. Arremangarse y ponerse a trabajar. No se trata tanto de la celebración como del viaje y la satisfacción de la conquista.

Y hacerlo como un grupo, con los amigos y la familia.

A Rose le preguntaron sobre representar la figura del cazado ahora, y lo reconoció. No importa, dijo.

“Cuento con mis compañeros de equipo tras de mí”, dijo. “Lo único que me importa es ganar. Mis compañeros de equipo son fenomenales. No les importa la cantidad de puntos que anoten. La directiva eligió a grandes tipos que son ganadores. Les quiero mucho”.

Así es también Rose. Siempre me he sorprendido, no sólo por su afán de mejorar, pero un sorprendente y sincero deseo de ayudar. Innumerables veces, sus compañeros y entrenadores me han contado cómo, cuándo Rose sale de un partido, sus preguntas siempre derivan hacia qué puede hacer mejor para que un compañero agarre el ritmo, cómo puede ayudar a alguien que esté pasando por dificultades. Cómo puede alterar su juego para beneficiar al grupo”.

Si se piensa, es lo que hace una familia. Y un equipo, de corazón, es una familia. Haces lo que puedes para ayudar a tus hermanos y hermanas porque, cuando ellos están contentos, puedes ser más feliz.

“Creciendo donde lo hice, permanecí en el camino correcto gracias a mi familia”, reiteró Rose. “No quería tener problemas con mis hermanos y mi madre, así que me aseguré de que hacer lo correcto”.

“Mi familia es muy pequeña, muy pequeña”, dijo Rose. “Al estar todo el rato en el barrio, mis hermanos siempre andaban cerca. No quería meterme en problemas, porque sabía que mi madre y mis hermanos se enterarían. No quería herir los sentimientos de mi madre o mis hermanos. Cuando estaba en el instituto, montaron un muro a mí alrededor. Sabiendo que era todo amor, entendí que me beneficiaría más tarde”.

Para muchos jugadores, a veces es demasiado jugar donde fueron criados, pero Rose dice que ama la presión, si es eso lo que es. Realmente, para él no lo es. Como dice siempre, él es un ‘pelotero’. Se trata de ‘pelotear'.

“Me gusta la presión como jugador”, dijo Rose. “Te hace jugar mejor, el jugar aquí cada noche. Es de donde soy. Traer la emoción de nuevo a la ciudad significa mucho”.

Independientemente de las circunstancias, la emocionante victoria o dura derrota, rara vez he visto a Rose alterarse. Todo trata siempre sobre la próxima vez, una opinión que comparte con su entrenador, Tom Thibodeau, y que ha impulsado a estos aguerridos Bulls esta temporada. Si haces tu trabajo y te preparas, no tienes nada de qué avergonzarte. Sólo tienes que salir y competir de nuevo.

Rose reconoció que ganar el MVP a tan temprana edad es un honor, pero que sólo le motiva más.

“Ganar a los 22 me da ganas de presionarme más, trabajar más, permanecer en el gimnasio más rato”, dijo Rose. “Me siento dichoso de tener un premio como éste ahora”.

“Es un proceso de aprendizaje”, dijo Rose acerca del baloncesto, así como la vida. “A veces tienes malos partidos y pasas malos ratos, pero debes superarlo”.

Así es la vida en cualquier gran ciudad. En cualquier lugar, realmente. Trabajas y perseveras por el bien común.

“Pasar el día en el gimnasio está dando sus frutos”, dijo Rose. “Sólo intento jugar duro y jugar inteligentemente. Y soy de aquí. Te hace sentir especial cuando estás ahí afuera. Te hace jugar más duro”.

Derrick Rose es Chicago y Chicago es Derrick Rose. Es considerado el mejor en la profesión que eligió, al menos por ahora. Pero el hombre que representa hace que todos ganemos.